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jueves, 10 de abril de 2014

Cuando publicar no es un premio

Pongámonos en situación. Rastreando por internet, nos topamos con las bases de un concurso literario que llama nuestra atención. La temática se adapta a nuestro estilo, hay tiempo de sobra para redactarlo con calma, e incluso puede que ya tengamos escrito algo cuya calidad nos convence. Así que, tras meditarlo un poco y llenarnos de muchas ilusiones, acabamos enviando nuestro relato al concurso.

Hasta aquí, se trata de una situación corriente para cualquier aficionado a escribir. Sin embargo, la cosa empieza a cambiar meses después (cuando puede que ya hasta nos hayamos olvidado del concurso). De pronto, recibimos un correo de la organización para felicitarnos por nuestra suerte: No hemos ganado (lo cual no es una novedad), pero han decidido aceptarnos entre la selección de los mejores relatos enviados. ¡Y eso significa la posibilidad de ser publicado en una recopilación! Parece que nuestro esfuerzo será compensado, al fin y al cabo.

Y es en este momento cuando todo se complica: tras esperar ilusionado a que la organización te de nuevas noticias, cuando por fin vuelven a escribirte resulta que aparecer en esa recopilación será más difícil de lo que pensabas. O, mejor dicho, más costoso. Porque el correo te informa de que, si quieres ver tu obra impresa, debes comprometer a comprar uno (o varios) de los ejemplares. Por supuesto, tu intención ya era adquirir alguno para regalarlo; pero esto de que te obliguen... No suena nada bien.

(¿es necesario explicarlo mejor?)

En cuanto te hacen una propuesta así, debes valorar muy seriamente por qué querrías seguir adelante. Sobre todo, porque si eres de los que piensan "al menos habré publicado", estarás pasando por alto un detalle importante: muy probablemente, los únicos ejemplares que se vendan de esos libros acabarán en las casas del resto de participantes que pensaron como tú. Y las posibilidades de que se anuncie en algún sitio que el libro existe, que se haga una reseña, o de que lo lea alguien fuera del grupo de los concursantes y sus familiares, tienden a ser nulas.

De hecho, ni siquiera puedes confiar en que la editorial haga un buen trabajo con el libro. Llegados a este punto, que se te impongan esa clase de condiciones significa que TODO es un montaje para que una editorial de autoedición haga su Agosto a costa de los que pensaron "al menos habré publicado". Y si aceptas, estarás obligándote a pagar por un libro del que no vas a obtener ningún beneficio (económico o profesional), ya que sólo va a servir para llenar los bolsillos de esos editores-organizadores que tanto han alabado tu obra. Es más, tu desconfianza debe crecer en relación al número de "afortunados seleccionados": a más autores, más ventas aseguradas para la editorial y más probabilidades de que la calidad del conjunto se reduzca.

Sabiendo todo lo anterior... ¿Tenemos alternativas? Bueno, puede que siga pareciéndote que la propuesta tiene un "coste asumible", y aceptar el trato. Pero tu mejor opción debería ser alejarte de ese "premio" y reservar el relato para una ocasión futura, en la que no te obliguen a unas condiciones draconianas. Lo correcto es que te ofrezcan algún ejemplar de regalo y/o que puedas comprar otros a precio reducido; hasta la simple publicación es aceptable (incluso aunque no se te entreguen beneficios sobre las ventas), siempre que desaparezca la exigencia de que te conviertas en cliente de la organización.

Como los lectores más avispados podrán suponer, sí, he participado en una de estas recopilaciones "de pago". Y os puedo asegurar que un evento en el que te están esperando para cobrarte, pero el responsable no se preocupa por saber si has llegado y hablar contigo... no merece la pena. Sobre todo si tu sueño es darte a conocer y hacerte un huequecito en el mundillo, porque ese montón de papel que acabas de pagar no sirve de escalón hacia ningún sitio (salvo, eso sí, para animarte a seguir escribiendo).

2 comentarios:

  1. Te entiendo perfectamente, Rafael. Yo también soy uno de esos autores elegidos para el recopilatorio y también reniego de haber prestado un texto para la autopublicacion encubierta que supuso. De hecho, estoy seguro de que también recibiste un mail diciéndote que quizá Chiado estaría interesada en publicarte algún libro de relatos o una novela, ¿cierto? Pero de todo se aprende, amigo. Yo ya no volveré a caer en la trampa. Y siento lo de la presentación, yo no fui porque estaba bastante molesto con esta panda de impresentables, pero viendo el tono de la entrada seguro que tampoco se portaron muy bien por allí... En fin, al menos buscaré tu relato en el libro y me lo leeré. Compartimos punto de vista acerca del tema. Un saludo!

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  2. Sólo con que otras personas lean el artículo y no caigan en estas triquiñuelas ya me siento pagado, Sergio. Hubo un primer momento en que me planteé un texto bastante más radical, pero al final decidí que era mejor aprovechar las circunstancias para centrarse en lo positivo. Y aprender. Un saludo a ti, y espero verte por aquí más veces.

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