viernes, 14 de junio de 2019

Un año de reseñas y entrevistas sobre Monozuki

En honor a la verdad, ya hace algo más de un año que Monozuki comenzó su andadura en el mundo editorial. A mediados de Mayo de 2018 tuve la gran satisfacción de reunirme junto a un buen grupo de amigos y aficionados a la fantasía, para comentar las peripecias de su escritura escoltado por Giny Valrís y Eduardo Vaquerizo. Experiencia que conté en este artículo del blog, y que ha sido una de las mejores que he vivido como escritor hasta la fecha. Así que, un poco a modo de celebración, he decidido reunir aquí todo lo que se ha dicho de la novela hasta ahora. 



Entrevistas
Desde que empecé a publicar, no me han entrevistado demasiadas veces. Pero reconozco que me divierte mucho, y suele ocurrir que alguna pregunta te obliga a meditar sobre ciertos aspectos que nunca te habías planteado con anterioridad.

Milanosfera. Decir que la persona que dirige este podcast es un gran amigo puede quedarse corto. Nos conocemos desde hace décadas, y su criterio literario no solo me ha servido para descubrir muchos autores sino que varias de mis obras han pasado por sus manos antes de llegar a publicarse porque quería conocer su opinión al respecto. Advierto que el audio de la grabación no es el mejor, pero espero que os sirva para conocer un poco más sobre mí y la historia de escribir Monozuki. Podéis escuchar el programa aquí.


Actualidad Literaria. Colarte en una web literaria que trata desde la técnica de escritura hasta la opinión literaria del momento, es un pequeño triunfo personal. Y responder a sus preguntas me obligó a pensar, como ya he dicho antes, sobre qué estaba haciendo al escribir y de qué manera podría explicarlo para alguien que no estuviera en mi cabeza. Aquí están mis respuestas a sus preguntas.

Steampunk Madrid. Después de muchos años relacionándome con el universo del Steampunk español, resultó casi obligatorio hablar de la novela en el blog de la asociación con quien más trato he tenido. La entrevista más informal de la lista, desde luego, pero que igual puede aportar información curiosa que no se trató en las otras. Para leerla, solo pulsar aquí


Reseñas
La parte más dura de escribir consiste en saber encajar luego las críticas, aunque con Monozuki estoy teniendo suerte y aún no me ha llegado ningún uppercut especialmente doloroso. Por supuesto, no todos los que han dejado constancia de su opinión habían quedado contentos con la lectura, pero en términos generales los comentarios se sitúan en un aprobado cercano al notable y eso me da ánimos para esperar a que, en algún momento, se alcance la masa crítica necesaria para que mas lectores se interesen por el libro.

Goodreads. Hasta ahora, la mayor fuente de ánimos ha provenido de esta web que, para quien no la conozca, se dedica a recoger las opiniones de lectores de todo el mundo respecto a los libros que han pasado por sus manos. A fecha de hoy, camino de la treintena de puntuaciones y con diez comentarios acumulados, Monozuki mantiene una valoración de 4 sobre 5 (y os puedo asegurar que la mayoría de esas puntuaciones vienen de personas a las que nunca he conocido). Como con otras plataformas estilo Amazon Books y demás, confío en que esa valoración sirva para que otros usuarios de la web le den una oportunidad a las aventuras de Monozuki. 


Instagramers. No tenía ni idea de la actividad reseñadora de muchos usuarios de Instagram, y justo a principios de este año me sorprendió encontrarme con varias fotos en las que Monozuki era la protagonista. Empezando por Lectora naúfraga, que abrió la caja de Pandora con su reseña, para pocos días después toparme con Fox in the book, cuyos comentarios fueron de puro amor, y continuando con  In the Never Never, que lo recomendaba con absoluta convicción. Hablo de estos tres casos, porque son los que han compartido también (y de forma más extensa) sus opiniones en blogs. Pero ha habido un@s cuant@s más.




Otros blogs. Aparte de los mencionados anteriormente, Monozuki también ha llegado a otros blogs y webs. En concreto, el sitio dedicado a lecturas japonesas Novelas ligeras, donde fue muy bien acogida, y Shine like a star, donde nos quedamos en un aprobado escaso pero nos siguieron recomendando a los amantes de la ambientación japonesa, lo cual les agradezco de todo corazón. Y a eso se les unió un bonito comentario en Más Leer, junto con una insistencia en twitter que me resulta impagable, y a la genial reseña en YouTube de parte de Spanish Fear, con toda la gracia y salero que le ponen a cada uno de sus vídeos (y os recomiendo si os gusta la temática de terror).

Y esto es todo lo que hemos acumulado hasta ahora, a la espera de que lleguen nuevas reseñas de algunos de los sitios más emblemáticos dedicados a la literatura de género (Sagacómic comentaba hace unos días que le había llegado su ejemplar). Sé que al final éste ha resultado ser un artículo de autobombo y que, aquellos que me seguís a través de otras rrss (Instagram, Facebook Twitter...) es posible que ya tuvierais constancia de muchas de estas noticias. Pero igualmente os pido a todos que lo compartáis, con la esperanza de que ayude a hacer crecer la bola de nieve que hemos ido construyendo durante este año y Monozuki empiece a ser un libro del que hablen con más fuerza los aficionados a la literatura de fantasía.

miércoles, 5 de junio de 2019

Mi colección de cuentos favoritos (VII)

Siempre que surge el tema, suelo decir cuánto me habría gustado vivir durante la Edad Dorada de la Ciencia-Ficción (Guerra Fría aparte, por supuesto). En primer lugar por la posibilidad de llegar a conocer a alguno de mis autores favoritos y, después, por lo increíble que resultaría compartir espacio con ellos en alguna de las múltiples revistas literarias que florecieron durante esos años. Soy de los que opinan que aquella forma de desarrollar el oficio de escritor, comenzando por escribir relatos y saltando a la novela cuando ya se había asimilado la técnica de la narración breve (haciéndose con una reputación por el camino), es el mejor sistema de aprendizaje posible. Un método que, además, produjo a una generación de escritores que se desenvolvían (en la mayoría de los casos) con la misma facilidad al escribir novelas o relatos. Y precisamente uno de esos ejemplos es el autor de la obra que quiero comentar hoy.


Hijo de sangre, de Richard Matheson.
A Matheson  lo descubrí por medio de Soy Leyenda, su fabulosa vuelta de tuerca al mito del vampiro, con la cual se ganó mi eterna admiración. Y bastantes años después me reafirmó su maestría con los relatos contenidos en la antología Pesadilla a 20000 pies, de la cual formaba parte precisamente Hijo de sangre.

La trama del argumento está centrada por completo en torno a Jules, un muchacho obsesionado por la figura del vampiro hasta el punto de querer convertirse en el mismo Drácula. Este trastorno se nos narra a medida que repasamos la corta vida de su protagonista, y en el poder que la idea de la muerte ejerce sobre él desde su más corta infancia. Lo cual hace que, en cuanto entra en contacto con la figura del vampirismo, le seduzca de forma inmediata, obnubilándole por completo. 
"Un sábado, cuando tenía doce años, Jules fue al cine. Vio Drácula.
Cuando se acabó, salió caminando, convertido en un manojo de nervios tembloroso, a través de las filas de chicos y chicas."
Un factor relevante en el relato, aparte de la juventud del protagonista, es que Matheson califica a Jules de idiota (en el sentido de tener pocas entendederas) en sus primeros párrafos, y nos lo demuestra con varias acciones que reafirman la sensación de estar ante un crío no muy lúcido al que le fascina la posibilidad de poder imitar las acciones que ha leído en Drácula. Haciendo gala de una irresponsabilidad difícil de igualar en cada una de sus iniciativas para transformarse en un vampiro. 


El relato es bastante breve, y Matheson no se explaya en detalles truculentos más de lo necesario, pero eso basta para poner en tensión al lector ante la escalada en la vampirización de Jules y su afán por reproducir las hazañas más escabrosas de su ídolo literario. El terror no procede aquí de fuerzas inaprensibles o seres ominosos, sino del temor por cuál será la siguiente idea que se le pasará por la cabeza a Jules y cuáles serán las consecuencias de que la lleve a cabo. ¿Quién va a pagar el precio de esa fijación insana? ¿Otro vecino? ¿Sus padres? ¿Algún desconocido? La locura humana, o la simple incapacidad para escapar de esa obsesión, crean un terror muy poderoso porque es mucho más real o tangible que las fantasías escondidas en viejas maldiciones. Un tipo de historia que desarrolló también en Legión de conspiradores o El distribuidor

No quiero estropear la lectura del relato desvelando el final, pero baste decir que su mayor virtud radica en lanzarnos por un tobogán de nervios del que creemos estar bastante seguros de cómo va a terminar, solo para ejecutar una magistral pirueta final que nos deja cabeza abajo en las últimas páginas y cambiar por completo las reglas del juego. Esa capacidad para provocarnos un último escalofrío de misericordia al despedirnos de Jules es la explicación de que, entre todos los relatos de Matheson, este me resulte más interesante. Así que no lo penséis más. Haceros con un ejemplar de la antología y descubrir cuál es vuestro relato favorito...


lunes, 13 de mayo de 2019

RELATO: UN PASEO


(Imagen de Pixabay, en pexels.com)


—¿Tienes miedo?

Alfonso sonríe apenas al asentir.

—Eso es bueno. Quien te diga que no está asustado en estas circunstancias, te miente o está loco.

Alfonso toma aire con más ansiedad de la que le gustaría y mira al frente. El fuselaje del Vulcano dibuja una suave curva de blancos, grises y ocres alternos, en la que brotan antenas de comunicación, toberas de propulsores de maniobra y la plataforma de trabajo. Una isla en medio de la extensa negrura que les rodea, moteada de estrellas anónimas para Alfonso. Tan remotas y desconocidas, como insignificante es él para quien pueda vivir allí. Sus pensamientos revolotean de una constelación a otra mientras progresa por el fuselaje, impulsándose con la fuerza de los brazos hasta alcanzar la plataforma de trabajo. Allí le aguarda Radenkov, que observa de manera silenciosa cómo se sitúa en los mandos y pasa el anclaje de la barandilla al soporte central.

—¿Listo para tu primera misión soltándote de la mano de mamá?

—¿Aún quieres que me ocupe yo de la reparación?

—Por supuesto. ¿Por qué no? Ya sabes lo que tienes que hacer. La única diferencia es que hoy no estarás a salvo en la bodega mientras trabajas.

Alfonso procura hacer oídos sordos a las implicaciones de esa frase y levanta la vista a la búsqueda de su objetivo: la nube de asteroides que orbita el planetoide rocoso más exterior de ese sistema solar y, a una distancia prudencial, la masa listada en blanco y naranja de la baliza de astronavegación que han venido a reparar. Entonces respira hondo, mira al oficial ingeniero de primera y asiente. Acto seguido percibe en los pies la vibración de la plataforma al soltarse del Vulcano, mientras Radenkov le despide moviendo la mano. Haciéndose pequeño junto con la nave nodriza gracias al impulso de los propulsores de nitrógeno que ahora le alejan más y más, de modo que puede contemplarla de nuevo en su totalidad por primera vez en casi dos años. Desde que le aceptaran como oficial de segunda en la compañía y se embarcase.

—No veo daños estructurales. ¿Será un problema con las baterías?

—Confiaba en que sería cosa de cambiar una antena averiada y sustituir un par de relés. Pero seguro que disfrutas manejando plutonio, chaval.

La plataforma se aproxima a la baliza con un ritmo pausado, sus brazos manipuladores recogidos de manera que recuerda a una araña recorriendo el sedal, mientras los parpadeos de las señales de posición colorean los bordes de la estructura como luciérnagas inquietas en medio de la frialdad aséptica que le rodea: cables culebreando por la rejilla del suelo, contenedores con los identificadores de material básico de reparación y repuestos… y, a medida que su horizonte queda enmarcado por el enorme objeto fusiforme y el cúmulo de asteroides, Alfonso se enfrenta a un momentáneo desconcierto respecto a su posición real. ¿De pie, o boca abajo? Vértigo que exorciza cerrando los ojos de nuevo y mirando al suelo de la plataforma.

—Tienes una hora, chaval. No me obligues a ir a rescatarte, o me lo cobraré cuando volvamos a Central Sigma.

Ilustración de Johnson Ting (Rhinoting en DeviantArt)

Apenas necesita la mitad del tiempo para desarmar el compartimento de las baterías, constatar que el fallo no es tan grave y reiniciar las funciones de la baliza, cuyas luces despiertan en una cadencia remolona. Satisfecho, levanta la vista y sus pensamientos se enredan en los movimientos de los asteroides. Absorto, intenta seguir esa coreografía silenciosa que lo embelesa. Y justo en ese momento, un pitido insistente le arranca un escalofrío: la alarma de proximidad de astronaves.

—Chaval…

—Lo sé, Radenkov, lo sé. Me estoy desacoplando de la baliza y voy a programar el vuelo automático para compensar a diez metros.

—No te arriesgues. ¿Has visto las lecturas en el panel? Es un crucero. Compensa a veinte metros.

Alfonso modifica el dato, pero no alcanza a hacer nada más. Un gigantesco telón gris oculta de pronto el firmamento, reemplazando las estrellas por fugaces parpadeos de varios colores, y de inmediato la plataforma se encabrita al ser repelida por los campos de fuerza que rodean la astronave. El primer zarandeo le quita el aliento al golpearse con la consola, el segundo le hace perder su asidero y el tercero lo arroja contra las barandillas de seguridad de la plataforma. Haciendo inútiles sus braceos mientras los propulsores trabajan para equilibrar la estructura, tironeando del anclaje de seguridad de Alfonso a su total capricho.

Reducido a un pelele, tan solo puede cubrirse el rostro y esperar que todo acabe. Confiando en la resistencia del cable para no convertirse en parte de la nube de asteroides, y temiendo que nada detenga su próximo vuelo por encima de la plataforma, hasta que, al fin, con una última sacudida, se nota flotar en calma.

—Chaval, ¿sigues ahí?

—Sano y salvo. Creo.

—Pues deja de hacer el pasmarote y vuelve. Hay un montón de balizas por revisar de aquí a Central Sigma.

—Dame un momento para recuperar el aliento.

Las estrellas vuelven a titilar en el vacío, tan ajenas a lo que le ha ocurrido como el propio crucero sideral, aunque el paso del gigante sí ha dejado huella en la zona: varias de las gigantescas rocas errantes han modificado sus trayectorias y están chocando entre sí, o se alejan desafiando la atracción de su huésped. La baliza compensará las nuevas órbitas y se mantendrá allí otros cincuenta o cien años, ayudando a otros viajeros a guiarse hasta su destino. Y para entonces, quién sabe dónde estará él.

Contemplando otro firmamento.

Paseando por otra constelación.

Intentando ser algo más que una pequeña mota a la deriva en el universo.