miércoles, 13 de enero de 2010

Experiencias enriquecedoras

Cuando el camino hacia la publicación de "El secreto de los dioses olvidados" empezó a parecer despejado, se me plantearon algunas interrogantes personales. Llevaba mucho tiempo dejando a un lado relatos y proyectos de novelas. Escribiendo algunos párrafos, o varias páginas, sólo para archivarlos después. Esperando a que esa idea desdibujada volviera a tomar cuerpo. Ese sería el momento de retomar la historia y acabar de moldearla.

Por eso descubrir que era capaz de llevar una trama hasta el final, y hacerlo con la suficiente calidad como para recibir una oferta de contrato, me provocó una duda principal. ¿Había estado desperdiciando mi capacidad para escribir todo este tiempo? Todo el material llevaba ya meses o años alrededor mío, hibernando en cuadernos y cuartillas de papel. Sólo necesitaba que le prestara atención durante el tiempo suficiente. Y mientras lo comentaba con un amigo, me hizo una observación curiosa: "Ha tenido que pasar todo ese tiempo para que reunieras las experiencias necesarias para poder escribir la novela".

Las palabras no me acabaron de convencer. Si hay algo que se le supone a un escritor, es la capacidad para figurar. Para inventar. No es necesario haber viajado en una nave espacial para buscar las palabras que describan cómo será la sensación de ingravidez. Con un cúmulo de ideas para historias de ciencia-ficción o fantasía, las dudas sobre lo que estás plasmando se centran más en datos que hagan verosímil ese universo particular.

Sin embargo, meditando sobre el tema he acabado por darle la razón parcialmente a ese planteamiento. Puede ser una perogrullada que las experiencias vividas sí influyen en lo que escribes, pero también nos olvidamos que con el tiempo cada sentimiento vivido se enriquece. El abandono por parte del ser querido deja de ser un simple pinchazo en el corazón para convertirse en un chirriar de dientes o la sensación de ahogo al despertar y ver el hueco en la cama. Igual que la euforia por un éxito ya no es sólo la necesidad de salir a la calle y liberar la tensión gritando o corriendo, si no que puede consistir en unas simples lágrimas.

El tiempo quizá no hace mejores los momentos vividos, pero con los años acumulas experiencias de mayor intensidad. Y trabajar con ellas para proyectarlas en la escritura hace más poderoso el manuscrito. Un hecho que, como he dicho, parece obvio, pero que a mí se me había pasado inadvertido entre tantas horas sentado frente al papel en blanco. Y aún sin poder imaginar la sensación real de ciertos momentos, se tienen más recursos en el ámbito emocional. Una herramienta muy útil en la escritura de relatos con un gran componente de épica, en la que sensaciones y experiencias tienden a buscar el exceso para darle vida a un universo en el que buscas transmitir al lector emociones muy poderosas, más allá de la cotidianidad.

Así que ya sabéis. Salir a la calle. Vivid. Darle más piezas a vuestro vocabulario para que los manuscritos ganen en frescura.

lunes, 4 de enero de 2010

La maldición del "Arco-X"

Debo comenzar explicando a qué se debe el título del artículo, para que quede claro a qué me estoy refiriendo. La anécdota procede del mundo de los juegos de rol. En 1992, la traducción del manual del Dungeons and Dragons trajo a los aficionados un arma desconocida e insólita: el Arco-X. Durante meses nadie supo de qué se trataba, hasta que alguien logró desentrañar el misterio: se referían al Crossbow (Ballesta). Desde entonces, en el mundillo de quienes leímos fantasía y buceamos por la práctica del "role-playing" hablar del Arco-X es hacerlo de un fallo garrafal de edición.
En la primera ocasión en que conseguí publicar un relato, allá por 1997 (como finalista del certamen El Fungible), me enfrenté cara a cara con ese problema. El inicio del relato vio cómo mutaba una frase ("Ya no") por un "Yo no" que reducía su significado. Y ahí comenzó mi relación con el terror a que lo escrito por mí no fuese exactamente lo que apareciera después impreso.
Las veces en las que he conseguido publicar posteriormente me habían ido tranquilizando al respecto. Salvo por algunos cambios en la maquetación del texto, no tenía motivo para quejarme. Ya no me hacía falta ir con un bolígrafo en la mano para corregir las palabras mutadas.
Hasta que un comentario en Los secretos de los dioses olvidados me hizo estremecer de nuevo. Se trataba sobre todo de una crítica a los errores gramaticales que aparecían en la novela. De forma explícita, acusaba la inexistencia de un corrector de estilo. Y me la tomé con bastante tranquilidad hasta que un amigo me descubrió la posibilidad de una errata garrafal dentro del texto. Con toda la pena de mi corazón, llegué a casa y comprobé que era cierto. Se ha colado hasta la edición impresa una nota de la última corrección del manuscrito.
Lo que consideraba imposible ha ocurrido. La maldición de los "lapsus editoriales" me ha alcanzado. Por supuesto he realizado una revisión del texto y parece que los fallos se reducen a esa errata, pero la consecuencia inmediata es que tengo miedo por las críticas. Empiezo a temer que las reseñas de la novela se centren en cosas como ésta en lugar de en la narración en sí. Y me veo acumulando notas para corregir el texto en una futurible segunda edición.


sábado, 2 de enero de 2010

En el umbral del 2010

Ha llegado el Año Nuevo, y con él empiezan otros 365 días de planes y proyectos para llevar a buen fin. El listón se ha elevado mucho: publicar sigue siendo algo complicado de repetir. Pero este 2010 ha comenzado con una rareza (esa luna azul en el cielo), así que me lo tomaré como una señal de buen augurio. Además, aún espero a recibir las primeras críticas de "El secreto de los dioses olvidados"(aunque el primer comentario de una lectora amiga promete buenas expectativas). Y quiero comprobar que todas las alabanzas impresas en la contraportada tienen razón de ser...

La meta principal es seguir escribiendo relatos (mi ambiente natural) y acabar con mi nuevo proyecto: la primera novela de la que, espero, sea una interesante saga sobre un universo steampunk habitado por criaturas sobrenaturales. Aparte, y después de acabar en un par de recopilaciones el año pasado, me gustaría que éste fuera el momento de ganar uno de los concursos a los que me presente.

Viajar. Este año parece que podré al fin visitar un par de lugares que me interesaban desde hace tiempo. Londres (por un interés "profesional". Es una ciudad que me apetece utilizar como fondo para ambientar al menos una historia y no me veo capaz de hacerlo sin haber paseado un poquito por ella). Y Japón. Ese es un plan algo menos consistente, pero que está en mi lista de "visitas pendientes" desde hace mucho tiempo.

¿Otros proyectos? Me encantaría poder embarcarme en algo relacionado con el cómic. Hay unas cuantas historias almacenadas en los cuadernos que podrían cuadrar en el ámbito de la narración gráfica. Y me encantaría verlas "tomar vida" en imágenes. Es un sueño nada más, pero no quiero olvidarme de él para poder cumplirlo.

Hay algunos planes más en mente, por supuesto. Pero son Alto Secreto, y no puedo desvelarlos.... o tendría que mataros. :D