martes, 4 de agosto de 2026

Recomendaciones animadas veraniegas

Vamos hoy con unas cuantas recomendaciones lúdicas, para aquellos que visitáis el blog y os apetezca aprovechar el periodo estival disfrutando de series de animación (actividad a la que he dedicado gran parte de estos meses, con la excusa de estar queriendo activar el modo “japo” en mi cabeza).


Oshi no Ko. Comienzo por una serie de anime de la que aún no he visto su última temporada, pero después de 24 episodios me parece que se merece muchos de los elogios que ha recibido. 


¿Cómo llegué hasta ella? Pues porque he visto varias series de “me morí y renací como…”, en las que los protagonistas acaban en mundos de fantasía, encarnando a héroes de lo más dispar… u objetos inverosímiles, así que el algoritmo me la presentó. 

Pero la primera diferencia básica en el caso que nos incumbe es que el prota se reencarna en nuestro mundo. Y después de un episodio inicial con longitud de película, en el que contemplamos su muerte y su infancia renacido, nos plantamos en el segundo episodio con el drama y los objetivos de la serie bien definidos: buscar a un asesino y disfrutar del típico enredo sentimental a tres bandas, tan típico en estas series. Eso sí, mientras se desarrollan algunos de los aspectos más oscuros de la industria de las idols y el mundo de los jóvenes talentos en la interpretación: el acoso en redes, la influencia de los “padrinos”, los problemas para tener una vida privada, los choques de ego… etc.


Yo, personalmente, la comencé a seguir porque me hacía gracia el conflicto “enemy to lovers” entre varios de los protagonistas, pero la trama detectivesca dio un giro radical al final de la segunda temporada y el elemento sobrenatural (que se había limitado al hecho de la reencarnación) volvió con otro detalle bastante oscuro e interesante. 



Tomo-chan es una chica. Entre las muchas series dedicadas al romance entre estudiantes de instituto, la premisa aquí es bastante más directa: Tomo-chan es una chica cuyo físico, forma de comportarse y estilo de vestir se pueden denominar como “poco femeninos”. Más guerrera que dama, un día descubre que su mejor amigo le gusta… pero él la trata como a otro chico de la pandilla. Y a partir de ese momento se nos presentan un montón de situaciones (cada episodio tiene 2 historias cortas, salvo al final de la serie) en las que ella busca el consejo de otras chicas para conseguir que ese chico la empiece a considerar como un interés romántico y no solo como un colega con quien practicar deporte y pelearse. Y, al mismo tiempo, la bisoñez de los dos les juega malas pasadas.

A mi me encantó el personaje de Tomo-chan por su forma de ser directa y sin medias tintas hasta la inocencia, y disfruté un montón (como buen tímido) cada situación en que la vergüenza daba al traste con sus planes. 



Campfire Cooking in Another World with My Absurd Skill. Para los que disfrutamos Tragones y mazmorras, esta serie propone una combinación similar: un mundo de fantasía en el que el protagonista realiza creaciones gastronómicas, usando como ingredientes las criaturas y plantas de este universo en lugar de los originales japoneses. 


La diferencia principal con respecto a la otra serie es que aquí el prota no es un aventurero que, además, cocina, sino que es un oficinista que aparece en este mundo de fantasía y que solo a veces (y obligado) se ve enfrentando a monstruos. Pero tras descubrir que su poder especial consiste en acceder a una tienda virtual (lo que le permite “materializar” productos frescos allá donde está), se da cuenta de que eso le hace valioso en un mundo donde los aventureros están hartos de no poder comer más que raciones de viaje secas y presas crudas durante sus misiones.

El problema es que ese talento culinario atrae a otros, aparte de a héroes, y acaba siendo engañado por un poderoso ser mágico. Así es como queda vinculado a Fel, un lobo mágico gigantesco inspirado en el Fenrir vikingo, y se ve obligado a cocinarle todos los monstruos y criaturas mitológicas que se ponen a su alcance. De modo que el lobo caza para que él los prepare con sus salsas e ingredientes del mundo real (y por efecto de su vínculo, ve incrementando a la vez su propio poder mágico más allá de lo esperable en un “cocinero”).



Super cub. La serie es, en primer lugar, un vehículo de admiración de una scooter superventas japonesa. No en vano le da el nombre, y se nota en la fidelidad al representar la maquinaria y la moto. Pero más allá de eso, lo importante es la relación de amistad y compañerismo que se forja entre la prota, una chica apocada que un día decide cambiar su bici por una scooter de segunda mano, y otra chica de su instituto que tiene una versión modificada y customizada de la misma moto. Cómo esa primera casualidad que las une va sirviendo para forjar lazos más poderosos, a medida que comparten momentos y sueños en sus escapadas moteras. 


La serie no es muy larga, pero cumple con creces a la hora de aportar un estupendo ambiente de comodidad y buenas vibraciones durante las horas de visionado. De hecho, el mono resultante me llevó a descubrir Bakuon!, que sería una versión disparatada y cómica del tema. 


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