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miércoles, 11 de noviembre de 2009

Influencias I: El Anti-Héroe


Cuelgo hoy el primer artículo que quiero dedicarle a los autores, libros y/o personajes que más me han impresionado a lo largo del tiempo. Como ya anuncia el título, aquellas influencias, más o menos evidentes, que pueden rastrearse en lo que escribo.

Supongo que lo mejor es comenzar por algo genérico. Y en ese caso, la principal fuente de ideas e inspiración ha sido siempre la literatura de aventuras. En ese campo Julio Verne y Emilio Salgari fueron mis "padrinos". La aparición en casa de unas novelas de "Historias Selección" (regaladas por mi abuela) me llevaron a conocer a Phineas Fogg, al Capitán Nemo, Miguel Strogoff, el Corsario Negro, Sandokán y toda una retahíla de personajes, de la mano de los cuales me zambullí en un mundo donde la sorpresa quedaba a la vuelta de una página. Con el paso de los años llegó la adolescencia y entonces serían Asimov y las Crónicas de la Dragonlance quienes me descubrirían los géneros de la Ciencia-Ficción y la literatura Épica. Los héroes del XIX pasaban al banquillo y dieron el relevo a viajeros interplanetarios, androides, bárbaros o caballeros de brillante armadura.

Con semejante bagaje, resulta sencillo imaginar lo complicado que es ponerme a escribir sin empezar a pensar en máquinas fantásicas, duelos a muerte, explosiones en el vacío, objetos mágicos con poderes inimaginables y, sobre todo, en personajes que cumplan con el papel del antihéroe. Desde que acompañé en sus andanzas al Corsario Negro me he sentido fascinado por esos héroes perseguidos y atormentados. Supongo que el valor de una hazaña se multiplica cuando la persona que la lleva a cabo no tiene elección y, además, se produce un rechazo que lo convierte en proscrito. Un sentimiento de admiración que va acompañado de afinidad cuando el lector, como era el caso, se siente desplazado también.

Los héroes más oscuros e implacables fueron al principio un espejo mágico en el que proyectar las ilusiones de escapar a la mediocridad. Personajes que, bordeando el filo de lo que la justicia considera legal, se aliaban con el instinto de rebeldía social de cualquier adolescente. Después, al madurar, la riqueza argumental y el juego con los clarooscuros de la personalidad siguieron atrayéndome por encima de los caballeros de intachable moral.

Desde mi punto de vista, el protagonista de "El juego de Ender" es quien compendia a esta tipología literaria. Durante el relato no sólo asistimos al doloroso proceso que lo convertirá en el héroe que no pretende ser, si no que estamos al tanto de las maquinaciones urdidas para moldearle mediante la exposición a situaciones extremas. El resultado es un héroe tan oscuro, que el proceso lógico fue presentarlo en la secuela como un personaje transformado en villano por la opinión de la sociedad.

Por tanto, que a nadie le extrañe encontrar entre los protagonistas de mis relatos a personajes marrulleros, implacables, con problemas para integrarse o directamente criminales. Es que me gustan los héroes con defectos.

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