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martes, 16 de febrero de 2016

La imprescindible templanza en la promoción digital

Como ya sabrán quienes sigan mis "andanzas" en las redes sociales, a finales del 2015 decidí que iba a crearme una página oficial en Facebook (en la barra lateral derecha tenéis un enlace directo). La razón principal para hacerlo fue el engorro que me suponía mantener la actividad en dos perfiles distintos, uno privado y otro público (y el tiempo que me absorbía). Además, lo que había estado publicando en mi perfil "de autor" no difería mucho de un perfil personal cualquiera (salvo por anuncios de libros publicados o reseñas), y consideré que así me obligaría a tomarme más en serio mi presencia en las redes sociales (además de creer, iluso de mí, que podría deshacerme de uno de los perfiles). Desde luego, no esperaba que eso fuera a catapultarme a la fama, pero tampoco alcancé a prever algunas de las sorpresas con las que me encontré. Y por eso me ha parecido una buena idea compartirlas con vosotro@s,  mientras aún las conservo frescas.

AMIGO NO ES LO MISMO QUE SEGUIDOR.
Para certificar esa máxima, según la cual Facebok es un medio para acaparar amigos imaginarios, el primer problema que se me planteó fue la escasa cantidad de amigos del perfil de "autor" que me siguieron en mi mudanza. Resulta muy llamativa la facilidad con que la gente te solicita que confirmes tu amistad (o viceversa), y lo complicado que es animarles a seguirte. Algo que, al meditar sobre el asunto, imagino que se debe al factor de reciprocidad implícito en la amistad digital. En ese caso, ambas personas aumentamos nuestro nivel de "popularidad digital". Algo que, en el caso de los seguidores, sólo "beneficia" a uno de los implicados.

Así pues, si algun@ de l@s que leéis este articulo os estáis planteando una decisión parecida, tened en cuenta que no podéis considerar como potenciales seguidores más que a una pequeña parte de la lista de amigos. Salvo que des un pelotazo. O te conviertas en Iron Man. Entonces seguro que el ratio amigo/seguidor se incrementará.

LAS ESTADÍSTICAS PUEDEN SER FRUSTRANTES.
Decir que esto fue una sorpresa, en mi caso, es exagerar. Después de seis años manteniendo este blog, ya tengo "callo" en el ego a la hora de valorar las estadísticas. Pero para otros, estoy seguro, puede ser una fuente de frustración continua.

¿Por qué digo esto? Porque, a diferencia de un perfil personal, con la página personal Facebook te ofrece una gran cantidad de datos sobre la interacción que has conseguido: número de visitas a cada elemento publicado, quiénes lo han compartido, su sexo... incluso puedes comparar tus progresos con páginas de contenidos similares. De modo que imagino el nivel de desaliento que puede sufrir cualquiera al comprobar que, de sus cientos de seguidores, sólo una/s decena/s se interesan por lo que publica. Algo que, como bloguero, llevo experimentando durante años, pero hay que estar preparado para afrontar.

Sobre todo, es necesario entender que la página profesional se creó como una herramienta con fines comerciales. Por eso, mi consejo es que te acostumbres a no fijarte demasiado en los informes semanales que te señalan el ascenso, o descenso, de tu popularidad; comparando tu actividad (y el tráfico de publicaciones generado) con la de los últimos siete días. Cifras que están ahí en todo momento, para recordarte lo exitoso (o no) que estás siendo. Una fuente de stress que conviene ignorar.

INTERACCIÓN LIMITADA.
Como ya he comentado al principio de este artículo, cuando hice el cambio a la página profesional estaba convencido de que me permitiría mantener mi actividad en Facebook, en las mismas condiciones que lo hacía con mi perfil personal. Craso error. Enseguida descubrí que, por ejemplo, me resultaba imposible intervenir en aquellos grupos a los que me había unido durante los últimos años. Lo cual, desde mi punto, de vista, es una gran desventaja (y la única explicación que encuentro es que, así, Facebook se aseguró el control de la publicidad, pues todos estamos acostumbrados a eliminar de nuestros muros los perfiles dedicados a lanzar spam).

Todo esto significa que si, como yo, mantienes un perfil privado y otro de "figura pública", deberás crear la página como una extensión del segundo, pero no podrás olvidarte de él, pues el grueso de tu actividad social (comentar lo que publiquen otros amigos, participar en grupos, publicar en el muro de otras personas...) seguirás teniendo que realizarlo de forma exclusiva a través del perfil.

CONTENIDOS.
Para que los demás te sigan, no basta con pedirles que te sigan (de hecho, puedes encontrarte con la sorpresa de ver que has perdido seguidores de un día para otro). Hay que ofrecer algo que mantenga su interés y le de sentido a la página. Y en el caso de páginas de escritores, parece que el contenido que vas a ofrecer es obvio: textos. En este punto habrá quien quiera discrepar, pues autores más asentados no hacen eso. Sin embargo, yo lo recomiendo bajo una perspectiva muy concreta: darse a conocer. Hay que tener en cuenta que, aparte de esos amigos ("imaginarios", o no) que pueblan tu perfil, tus seguidores serán personas que llegarán a la página a través de terceros. Como mucho, lectores de una obra tuya que te han descubierto en Facebook. El resto es probable que te sigan porque les haya llamado la atención algo de lo que has publicado. Pero, como el propósito de una página es vender un producto (en este caso, tu literatura), no estaría de más permitir que sepan de qué eres capaz. Publicar enlaces a cosas que te gustan o te interesen no está mal, pero tu meta debería ir un poco más allá.

Eso sí, cuanto te plantees colgar textos (ya sean completos o fragmentos), debes recordar que el contrato firmado con Facebook le otorga el permiso tácito de usar cualquier material publicado. Aunque sea algo amparado por las leyes de Propiedad Intelectual. La única forma de evitarlo es eliminar el contenido del propio Facebook. Pero, de nuevo (y siguiendo el consejo de una amiga), yo recomiendo hacerlo. Considerarlo "gastos de representación", el precio por afianzar a los seguidores y poder obtener otros (que, al final, son potenciales compradores de lo que escribas).

SATISFACCIONES.
Para que este no sea un artículo centrado en lo farragoso de las páginas profesionales, voy a añadir algún detalle a favor de las mismas (que también lo tienen).

En primer lugar, pondría la satisfacción que da recibir comentarios (o simples likes) de tus seguidores. Y me refiero a esas personas a las que, como mucho, has conocido en la presentación de un libro y que luego se han decidido a seguirte. Sin querer quitarle el valor a los elogios de las amistades, los de los seguidores siempre sabes que están libres del "sentimiento de obligación" que a veces nos afecta cuando se trata de publicaciones de conocidos.

En segundo lugar, también os alegraréis al ver cómo la página va creciendo y expandiéndose. El incremento en seguidores es habitual en las primeras semanas, y con él la mejora de tus estadísticas. Lo cual, hasta que la situación "se normaliza" y los números dejan de crecer tan deprisa, sirve de acicate para trabajar en los contenidos. O en estrategias para aumentar la interacción de tus seguidores.

En tercer lugar, recomiendo ser realista. El mayor escollo de la promoción literaria es que las redes sociales están dominadas por lo visual. Vídeos, memes, ilustraciones... triunfan por la inmediatez de su formato. Poca gente se toma la molestia de leer un texto, por breve que sea, sobre todo si no le llega de una fuente reconocida (léase un autor famoso, un amigo con el que comparte gustos literarios... o una cadena de mensajes con alguna historia lacrimógena de superación). Así que cada like o comentario es un triunfo, sobre todo si logras que esa persona lo haga de forma habitual. 

Y eso es todo. a grandes rasgos. Confío en que os pueda servir de algo si estabais pensando en crear una página en Facebook, o para buscar nuevas perspectivas desde los que trabajar con ello si ya la tenéis. 

Un saludo.

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