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miércoles, 3 de julio de 2013

"Wild Cards I", (VVAA).

Vaya por delante que, como aficionado a los cómics de superhéroes y a las ambientaciones retro, la aparición de este libro no podía pasarme desapercibida. Y por esas mismas razones se ganó de inmediato un puesto principal entre las lecturas que quería acometer.

A modo de impresión general, hay que calificar este volumen como un "episodio de introducción de 500 páginas". Y, aunque sé que esto puede sonar exagerado, hay que tener en cuenta que la serie asciende actualmente a 21 números (publicados desde 1987, entre cuatro editoriales distintas), todos ellos bajo la supervisión de G.R.R. Martin.

La propuesta de Wild Cards es original, eso hay que concedérselo: en 1946, tras haber logrado la victoria en la Segunda Guerra Mundial (gracias a la colaboración de algunos héroes propios de las novelas "pulp" de hazañas bélicas), se esparce sobre Manhattan un virus de origen alienígena que va a ocasionar terribles e inesperados efectos sobre toda la población: los escasos afortunados que no mueran, dejaran de ser humanos para siempre. Y tanto sus vidas, como la realidad para el resto del mundo, va a cambiar de forma radical.


Tras este explosivo principio (en el amplio sentido de la palabra), la obra se estructura en torno a episodios independientes que se van adentrando en la historia de uno (o más) de los personajes que va a poblar este universo (siguiendo el mismo procedimiento que les será tan familiar a los lectores de Juego de Tronos, no olvidemos que es Martin quien está detrás de todo el proyecto). Eso sí, los saltos temporales de un capítulo a otro son aquí de una índole superlativa; en esas 500 páginas recorremos décadas de la historia reciente de los Estados Unidos, en las que se entremezclan eventos que todos conocemos (la Guerra de Corea, el movimiento hippie, el Watergate...) con el desarrollo del trasfondo propio de Wild Cards. Así, de la sorpresa inicial por la aparición de personas con capacidades sobrehumanas, vemos cómo la población y el gobierno va pasando por el recelo y la persecución hasta la aceptación (relativa, ya lo veremos al hablar de los jokers) de este colectivo.

Hay, sin embargo, que hacer varias acotaciones. La primera se refiere al universo de Wild Cards y a la forma en que se anuncia a sus potenciales lectores (aparte del "efecto llamada" de colocar el nombre de Martin en la portada). Y es que lo presentan como una historia de superhéroes y supervillanos, en una ambientación "vintage". Esta reducción simplista puede provocar que los aficionados a esas historias se lleven un chasco, porque no hay realmente bandos definidos en torno al mal y al bien. La división principal que ofrece la historia radica en el utilitarismo de sus habilidades y el grado de mutación que (como un efecto colateral) ha sufrido cada individuo. Así, mientras los Ases son aquellos que, aparte de mantener un aspecto normal, tiene poderes que les permiten ser "súper", en el otro lado están los Jokers, bastante menos afortunados pues su aspecto físico suele tender a lo repulsivo, y cuyos poderes son, en la mayoría de los casos, banales o de dudosa utilidad. Y, así como durante la historia vemos a Ases sumergiéndose en una vida delictiva, no todos los Jokers son criminales (aunque vivan casi confinados en una zona marginal de Nueva York).

Siguiendo con estas aclaraciones sobre la ambientación (y recurriendo a los paralelismo con los cómics de superhéroes), el de Wild Cards es un mundo similar al de los Watchmen (y que me perdonen la "herejía" los aficionados). Digo esto, sobre todo, porque a los Ases se los quiere vigilados y apartados de la acción directa. Una filosofía que se muestra claramente al ver cómo los gobiernos no dudan en crear agencias gubernamentales y legislaciones especiales (lo cual les resultará familiar a los lectores de los X-Men). Todo ello, con una tendencia muy acusada hacia el realismo y a no recurrir a los paradigmas de que obtener superpoderes te hace superbueno. Aquí vemos a personajes "bendecidos" o "malditos" que acaban derivando en héroes o delincuentes, dependiendo de su pasado, sus circunstancias personales y del entorno en el que se mueven.

(el doctor Tachyon, en una curiosa imagen)

En cuanto a mi opinión personal, debo decir que el hecho de estar escrito por varios autores no le afecta. No mucho. Hay diferencias de estilo, sí, pero el compartir un mismo trasfondo ayuda a homogeneizar bastante el tono (y supongo que Martin también tiene algo de culpa en ello). Además, los saltos temporales suelen ir acompañados de un cambio en el registro de expresiones de los personajes (para adaptarlos a esas diferencias), colaborando a que el lector asimile mejor las diferencias entre los distintos autores. Aunque, si tuviera que quedarme con uno, mi favorito personal es Ritos de Degradación. En él se cruzan las vidas de varios de los personajes que hemos ido conociendo en relatos anteriores, para ser testigos de una dolorosa caída a los infiernos en los años de la Caza de Brujas.

Por último, eso sí, quisiera hacer una petición a Timun Mas. Y es que amplíen las notas a pie de página. No ya por el hecho de hacer referencias a siglas en inglés, sin llegar a traducirlas al castellano. Es por la aparición de términos que, sólo por mi afición a la historia bélica, he podido interpretar (se habla sobre los días V-E y V-J, que para un europeo no significa nada, pero son las festividades en que Estados Unidos celebra las victorias en Europa y Japón), así como algún otro de índole militar o cultural.

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