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jueves, 10 de marzo de 2016

Los "Cuentos Cuánticos" (15)

Hoy llegamos al penúltimo de los artículos dedicados a relatar el proceso de escritura de los relatos contenidos en Ni colorin, ni colorado. En este caso, el último de los epílogos a un cuento clásico que faltaba por comentar: Hansel y Gretel. Y, como en la mayoría de cuentos de esta sección, los traumas sufridos por estos niños no auspiciaban nada bueno para sus versiones adultas.

Hansel y Gretel fue uno de los relatos cuyo desarrollo estuvo muy bien definido desde un principio, pues tenía claro que los dos hermanos debían de haber quedado marcados por la experiencia vivida a manos de la bruja en la casa de chocolate. Combinado con el hecho de haber sido abandonados por sus padres, tenía todos los condimentos necesarios para crear a unos adolescentes con las mentes perturbadas a un nivel muy profundo. Teniendo todo esto en cuenta es fácil adivinar que los Hansel y Gretel de Ni colorín, ni colorado alcanzaron cotas de disfuncionalidad enormes. No en vano acabé dibujándoles un perfil de psicópatas similar (por no decir superior) a los que concebí para Pinocho, Pulgarcito y Mowgli, con quienes se disputarían el "honor" de ser los personajes más terroríficos de la colección. Pero también es cierto que, en mi opinión, eran el ejemplo perfecto de un "felices para siempre" imposible en el mundo real.

Dado que el relato original estaba ambientado en algún momento entre el siglo XVIII y el XIX, aproveché esto como escusa para desarrollar el núcleo del conflicto, pues se me ocurrió que no había un punto de vista mejor para narrar la historia que el de un adulto que tuviera que ocuparse de estos dos personajes "perturbados" en un ambiente rural. Una trama que acabó llevándome a escribir una historia de terror, en la que los intereses de los adultos chocarían de forma trágica con el instinto de supervivencia forjado por los hermanos tras sobrevivir al cautiverio con la bruja. 

Según la opinión de mis "lectores beta", el resultado final fue más que aceptable. El retrato psicológico de los hermanos quedó dibujado a la perfección, a pesar de desarrollarse en una de las extensiones más breves del libro, y el terrorífico giro final no dejó a (casi) nadie impasible. Si acaso, esa brevedad que he comentado volvió a ser una de las pocas quejas que recibí. Por mi parte, reconozco haberme sentido muy orgulloso de este relato, ya que ejemplifica tanto el sentido general de toda la colección, como mi propio estilo en el relato breve (en cuanto a extensión y concisión, sobre todo).

Y hasta aquí este artículo, así que toca despedirme y prometeros que pronto publicaré la última "disección" pendiente. 

Un saludo para todos.


(Ni colorín, ni colorado se puede adquirir en formato físico o digital en Amazon. Y si vives en Madrid y prefieres echarle un ojo antes, pásate por Generación-X Carranza).

(Aquellos que vayan a leerlo, tengan en cuenta la prescripción facultativa del autor: para disfrutar los relatos, no lean más de dos al día. Igual que las bolsas de caramelos, si se lo tragan de una sentada es posible que se les empache).


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