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martes, 12 de enero de 2016

El curioso camino de los nuevos autores hacia el estrellato.

Hace poco me hice eco en mi página de Facebook de un artículo publicado en The Guardian,dedicado a explicar cómo percibía un editor independiente la forma en que se relacionaban con ellos los grandes sellos en la actualidad. Su discurso me resultó interesante, de modo que decidí condensar lo que contaba, aportando lo poco que puedo opinar al respecto. 

El artículo, firmado por Kevin Duffy (co-fundador de la editorial independiente Bluemoose Books), insistía en que las grandes editoriales se mueven bajo una mentalidad demasiado enfocada a las ganancias inmediatas, y cómo eso les ha hecho olvidar la tarea de localizar a nuevos talentos. Para empezar, atacando lo que considera un escaso interés (por no decir inexistente) en arriesgarse a publicar la obra de autores desconocidos. Una acusación basada en los siguientes principios:

Fichaje de autores "revelación".
Duffy viene a decir que la política de contratación de los grandes sellos editoriales, cuando se trata de autores noveles, consiste en esperar a que alguno obtenga suficiente reconocimiento (publicando con un sello independiente) y ofrecerle entonces el oro y el moro, para hacerse así con la nueva gallina de los huevos de oro. Algo que a los aficionados al fútbol les resultará familiar por ser la conducta habitual de ciertos equipos grandes. Duffy se lamenta de esto, ya que atribuye también parte del éxito al trabajo editorial para pulir las "asperezas" de cada autor. Un esfuerzo del que luego se olvidan los susodichos, cuando Hachette o Random House llaman a su puerta y les deslumbran con ofertas para convertir sus libros en películas o montar torres de ejemplares a la entrada de las librerias. Y aunque no lo diga, creo que hay algo de rencor hacia algún "hijo desagradecido" en el pasado de su historia como editor. Yo entiendo su "enfado", pero de mi experiencia entre escritores he sacado en claro que muchos consideramos el paso por editoriales pequeñas como un escalón obligatorio para poder aspirar a firmar con algún sello "de relumbrón". Y cuando esa idea está instaurada en la mente del escritor, supongo que no se sopesa la posibilidad de seguir trabajando con quien te puso en las listas de venta.
(tira cómica de kill the hydra)

Filtros de selección limitados.
2 de los últimos 3 ganadores del Premio Booker habían publicado sus obras con sellos independientes. Duffy apunta a este dato como una señal evidente de que los criterios de selección de los grandes sellos de ficción literaria no están bien afinados (recordando, además, que muchos de esos autores acaban publicando con editoriales pequeñas después de ser rechazados por las grandes editoriales). Y culpa del problema a dos factores: el restrictivo sistema para admitir manuscritos, limitado a valorar sólo obras que les lleguen a través de agentes literarios (cuya capacidad para discernir la excelencia se vería sobrepasado por la cantidad de textos que reciben a lo largo del año), y la tendencia de esos sellos editoriales a depositar toda su confianza en comités de ventas o gurús del marketing, basándose en la creencia de que ellos "saben lo que se va a vender". 

Al hilo de estas quejas, Duffy desarrolla lo que él considera "el problema subyacente" de esta política editorial: la escasa labor que se está haciendo en esos sellos por enriquecer su fondo editorial. Con ese enfoque en publicar obras que den un gran rendimiento a corto plazo, les achaca estar dejando de lado el problema de tener un fondo editorial basado tan sólo en el "éxito del momento". De hecho, señala un riesgo que están tomando de forma sistemática en épocas como las Navidades. Uno que les supone grandes pérdidas cuando fracasan, pero del que se niegan a desistir: la inversión de miles y miles de dólares en publicar y publicitar libros cuyo principal atractivo es "estar escrito" por una celebridad. Inversiones que, en más de un caso, acaban quedando en agua de borrajas por muy prometedoras que fueran sus expectativas. Y el consejo de Duffy para los grandes editoriales es que, por el precio de comercializar un libro así, se arriesguen a fichar una o dos docenas de nuevos talentos. Una inversión más beneficiosa ya que, según su razonamiento, esos autores tendrán una vida productiva más larga que tal o cual celebridad y sus obras deberían resultar más prósperas, eventualmente, por el mismo motivo.

A título personal debo decir que el empobrecimiento de los fondos editoriales se debe considerar como un "problema menor" en los despachos de esas editoriales. Y lo digo así, pensando en la facilidad con que estos enormes conglomerados editoriales están fagocitando a cualquier sello "menor" que les resulte interesante. Darle brillo al fondo editorial, a día de hoy, no es más que un problema de abrir la billetera y empezar a ofrecer dinero. O, al menos, es la percepción que yo tengo. 

El artículo termina exponiendo uno de los grandes "tópicos" del mundo editorial: los fallos clamorosos que se siguen dando en el criterio de selección de esos sellos, a la hora de decidir si una obra será comercial o no. El ejemplo que pone Duffy (a modo de orgullosa bofetada para las grandes editoriales), es Benjamin Myers, autor de su propio sello. Su primera novela, Iron Pig, fue rechazada "porque a nadie le interesará la historia de un currante de un pueblecito del norte". Sin embargo, esa obra "sin interés" acabó ganando la primera edición del Premio Gordon Burn. Y su segunda obra ya ha sido merecedora del Premio Pórtico. Actualmente, Myers sigue publicando con Bluemoose y dice no sentirse interesado para nada en fichar por una gran editorial. Entretanto, ha ganado el Premio Tom Gallon de la Sociedad de Autores y forma parte de los seleccionados para obtener el Premio Jerwood. Todo lo cual, según su feliz editor, hace que sus obras enriquezcan el fondo editorial de quien confió en él.
(tira cómica de Jack Ziegler)

Como colofón, y reconociéndome ignorante de muchos de los mecanismos editoriales actuales, sólo puedo decir que me alegro de que existan las editoriales independientes; sin ellos (Grupo AJEC, Tyrannosaurus Books, Neonauta Ediciones, El Transbordador, Nevsky Prospects...), lo más probable es que yo hubiera desistido hace tiempo de mis sueños como contador de historias (al menos, en este modo "algo más que amateur" que he alcanzado). Y, desde luego, sigo aspirando a ver que el éxito le alcanza a alguna de esas obras que ningún sello importante ha querido publicar. No por un afán revanchista, si no por la pura satisfacción de comprobar que sí, que lo que escribo puede hacer disfrutar a mucha gente. Y si llega ese día, y aparecen en mi casa para ofrecerme un contrato super millonario, espero tener la sangre fría de dedicarle unos segundos a pensar si me merece la pena...

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