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martes, 13 de diciembre de 2016

"El horror según Lovecraft" de J.A. Molina Foix

La de hoy es una reseña dedicada a una lectura de "aprendizaje", un libro que me interesó por su capacidad para ponerme en contacto con una buena cantidad de autores que me eran más o menos desconocidos. No en vano, como aficionado a los relatos de Lovecraft he sufrido un dilema que (supongo) le debe resultar conocido a otros lectores: la dificultad para encontrar obras de autores contemporáneos al "genio de Providence", fuera de las recopilaciones de relatos ambientados en los universos de Cthulhu. Es una percepción personal, pero creo que durante muchos años las editoriales consideraban los ciclos de Lovecraft como un valor seguro y se limitaban a ese material a la hora de publicar "terror decimonónico"; que en las librerías había docenas de ediciones o reediciones de títulos lovecraftianos, y (casi) ninguna referencia fuera de ese universo, produciéndose un salto temporal inmediato que te llevaba a autores actuales.

Esa es mi opinión. Y esa es la razón de que en una de mis visitas a Barcelona y (casi por tradición) a Gigamesh, tardase solo unos segundos en decidir que necesitaba tener esta antología publicada por Siruela y organizada por Juan Antonio Molina Foix. Una decisión de la que me alegro, pues creo que cumple con el objetivo que se plantea: ofrecer un surtido de relatos de terror coetáneos a la creación de Lovecraft. Y, sobre todo, he disfrutado descubriendo a esos autores que le influenciaron a la hora de construir su personal estilo de relato (aunque, como el propio Molina Foix reconoce, las limitaciones de espacio le impidieron incluir a algunos de los considerados como pilares fundamentales del género: Radcliffe, Brockden Brown, Hodgson, E.T.A. Hoffmann...). Para mi, en concreto, este libro ha supuesto el hallazgo de Charlotte Perkins Gilman. Todo lo cual me lleva a la siguiente recomendación: si sois, o conocéis, un autor con aspiraciones de escribir terror y afición por el estilo de Lovecraft, este es un libro que os resultará muy útil para expandir vuestras referencias literarias. Algo a lo que colabora de forma sustancial el breve texto de presentación que acompaña a cada relato, en el que se referencian las obras más representativas de cada autor. 


Después de esta diatriba, creo que poco más puedo decir sobre mi opinión general al respecto del libro. Así que va siendo hora de comentar su contenido de forma sucinta, comenzando por aquellos relatos que más me han llamado la atención de los que componen la antología.

La litera de arriba, de Francis Marion Crawford. Como dice la propia presentación del relato, citando a Lovecraft, "gran parte de la mejor literatura de horror americana procede de plumas no dedicadas exclusivamente a este género". Y, si bien considero que se trata de un relato de terror con fantasma al cual el tiempo y la evolución de la narrativa le ha reducido su capacidad para causar miedo, lo resalto por esa frase y lo que puede enseñar a los aspirantes a escritores: no encerrarse en los círculos del género y aprender a encontrar voces igual de válidas en autores que estén en órbitas "más lejanas".

El papel amarillo, de Charlotte Perkins Gilman. Ya he dicho antes que éste ha sido mi gran descubrimiento de la antología. Su relato plantea una bajada a los infiernos de la paranoia y la demencia con un talento enorme. Todo ello narrado en primera persona por su protagonista femenina, al que ese papel amarillo va trastornando de forma progresiva ante nuestros ojos, con unos resultados sorprendentes.

El gran dios Pan, de Arthur Machen. Un relato próximo a la novela corta, con un estilo que demuestra el gran ascendente que tuvo este autor sobre la forma definitiva de la obra de Lovecraft. Aquí encontramos hombres que buscar ir más allá de los límites de la ciencia, universos ominosos que contactan con el nuestro, seres pseudo divinos cuya naturaleza es ajena a la humana en el amplio sentido de la palabra. Y para rematar, un destino funesto sobrevolando a los personajes.

Los sauces, de Algernon Blackwood. Considerado uno de sus relatos más brillantes, con razón. Su descripción del terror psicológico del hombre al enfrentarse a una ruptura de las "leyes de la naturaleza" es de una intensidad brillante. Una lectura obligatoria sobre lugares malditos.

La araña, de Hans Heinz Ewers. Propone un típico diario/ confesión/ testamento del protagonista que se ha visto atrapado en la red (nunca mejor dicho) de uno de esos monstruos que permanecen ocultos entre los humanos sin que nadie lo perciba. Y, a pesar de lo predecible de este formato, logra mantenernos interesados por la resolución final.

Aparte de estos, completan la colección otros diez relatos:

¿Qué fue eso? de Fitz-James O'brien. En el que, con un discurso que recuerda a algunos clásicos como El doctor Jekyll, se nos narra la perturbadora experiencia de unos caballeros que dan con un insólito y aterrador ser.

El pacto de Sir Dominick de Sheridan LeFanu. Su relato sirve para demostrar de forma palpable por qué se le considera el máximo exponente de las historias de fantasmas victorianas.

¿Quién sabe? de Guy de Maupassant. El último relato de terror que escribió mezcla, por una parte, un misterio sobrenatural irresoluble y por otra un final teñido de humor negro.

La muerte de Halpin Frayzer, de Ambrose Bierce. Aprovecho la mención de este autor para recomendar El diccionario del diablo, una obra indispensable para quien practique el humor negro y/o el estudio crítico de la historia. Su relato, en cambio, es una incursión en los cuentos de protagonistas con destinos funestos y lugares, si no malditos, cargados de maldad.

El conde Magnus, de M.R. James. Nos presenta otro de los temas recurrentes de la época: el mal durmiente, que el protagonista acaba despertando (y sufriendo), en medio de un ambiente plagado de señales ominosas.

La mansión de los ruidos, de M.P. Shiel. Es una historia cuyo hilo argumental les resultará muy familiar a los seguidores de Lovecraft: una mansión que tiene algo de ser vivo, una maldición ineludible, y unos habitantes al filo de la locura en el entorno de un paisaje que transpira irrealidad.

La casa de la esfinge, de Lord Dunsany. El más breve de los relatos plantea la llegada del protagonista al lugar donde descansa un poder misterioso. Lírico y sugerente.

De profundis, de Walter de la Mare. El tema de la demencia y las presencias sobrenaturales/ espectrales se nos narra aquí a través de las vivencias del protagonista, un caballero que vuelve para tomar posesión de una antigua herencia familiar.

El final de la historia, de Clark Ashton Smith. Tiene bastante de los primeros cuentos de terror góticos: un ambiente de ruinas, personajes angustiados, y una maldición oculta cuya revelación acaba por trastornar al protagonista.

El testimonio de Randolph Carter, de H.P. Lovecraft. Una antología dedicada al genio de Providence no podía olvidar a su homenajeado, así que da el broche final al libro esta historia en la que uno de sus atribulados personajes nos rinde cuentas sobre el aterrador desenlace de su incursión más allá de las barreras de este mundo.

Y eso es todo lo que puedo decir. Tan solo insistir en mi recomendación como lectura muy práctica para aficionados al gótico y seguidores de Lovecraft. Si estas Navidades tenéis que hacer un regalo a alguien que cumple con esas características, ya sabéis...



martes, 6 de diciembre de 2016

Regresando de Galeras

Vale. Es cierto que el título de este artículo resulta exagerado. Lo sé (y los que me conocen, aún más). Pero durante los últimos tres meses me he auto impuesto un régimen de escritura que, para mi, equivale al de un galeote... literario.  Algo que habréis notado, sobre todo los lectores del blog (en Facebook he estado un poco más activo). Y si no he comentado nada por aquí se debe, sencillamente, a que la mayor parte del tiempo libre del que he dispuesto ha estado dedicado a progresar con mi última novela. Un proyecto que surgió durante una conversación, en la que me propusieron el reto de convertir un relato en algo más, y como tal lo fui elaborando. Poco a poco. Hacía varios años que no me embarcaba en un texto de tanta extensión, comenzó como algo que "quizás encontrase acomodo en una editorial algún día", y por eso me lo tomé al principio con bastante calma; interrumpiendo el proceso cuando se ha abierto alguna convocatoria que me interesase. Convirtiéndose en una obra que quería acabar, pero no lograba culminar.


Todo comenzó con la convocatoria para la antología Chikara. Para un fan del estudio Ghibli, el reto de crear una historia que estuviese imbuida del espíritu y el "aroma" de películas tan admirables como El castillo ambulante, La princesa Mononoke, o El castillo en el cielo no podía dejarse pasar. Y aunque la historia que presenté no logró entrar en la antología, hablando meses más tarde sobre ello con una de las personas involucradas en la selección surgió la propuesta que he comentado antes: aprovechar el universo y los personajes del relato para escribir una novela.

Al principio, reconozco que me pareció que iba a ser una tarea imposible. A pesar de que ciertos momentos estaban resueltos con algo de premura, para poder ajustarme a los límites de extensión de la convocatoria, no sabía cómo hacer para que aquella historia necesitase  la extensión de una novela. De modo que acabé por reelaborar la trama y añadir muchos elementos nuevos, entre los cuales se colaron varios pertenecientes a otro proyecto que se me había quedado estancado tiempo atrás (relacionados con la ambientación y el trasfondo). Eso me ayudó a crear una nueva sinópsis, más compleja, y a dar los primeros pasos hacia las 60.000 palabras que me puse como objetivo.

Al tratarse de un desafío personal y no contar con ningún plazo estricto, el proceso se ha ido alargando y dilatando durante el año. Como "horizonte orientativo" me había marcado el mes de Septiembre, pero a finales del verano ya sabía que eso sería imposible. A pesar de estar imponiéndome una rutina de escritura diaria, los parones para preparar tal o cual convocatoria y el hecho de añadir modificaciones en la sinópsis a medida que la historia los iba "pidiendo", a cambio de replantear ciertos episodios o tramas de personajes, ralentizaban el progreso. Y fue entonces cuando alguien relacionado con una editorial supo del proyecto y se interesó por él.

Sin entrar en muchos detalles, puedo decir que la historia les gustó. Y al preguntarme por una fecha orientativa sobre cuándo podría tener acabado el manuscrito, me atreví a decirles la Navidad. Lo cual, de inmediato, hizo que dejase de escribir nada que no estuviese relacionado con la novela (los seguidores de Facebook han podido comprobarlo, con la ausencia durante estos meses de mis "relatos inspirados en fotografías"). Un esfuerzo que se ha intensificado durante el mes pasado, revisando el final de la sinopsis para adecuarlo a todas las modificaciones que habían ido surgiendo por el camino y, de paso, procurar conservar el tono original del relato.

¿El resultado final? Solo han sido 57.000 palabras, pero considero que el objetivo está conseguido. El manuscrito va a viajar bien pronto a las manos de los lectores críticos, y solo puedo desear que sus opiniones sean favorables. A título personal, considero que es resultado de todo lo que he aprendido de mis errores, desde El secreto de los dioses olvidados,  amén de las enseñanzas de cursos y críticas de compañeros. Así pues, quiero pensar todo ello ha debido servirme para completar una obra más redonda. El tiempo lo dirá, si la suerte acompaña, a principios de 2017.

martes, 13 de septiembre de 2016

Futuros encuentros con lectores Steampunk.

Septiembre está siendo un mes bastante atareado y, para mi sorpresa, aún me están surgiendo nuevas obligaciones. Aparte de estar intentando ponerle punto y final al último proyecto de novela que me llevo entre manos, voy a participar en un par de charlas sobre literatura Steampunk en las que espero que pueda reunirme con lectores veteranos y nuevos aficionados al género.

17 de Septiembre. Feria Retrofuturista.


Organizada por el grupo Steampunk Madrid, va a ofrecer un amplio abanico de actividades a partir de las 11:00 para que disfruten los visitantes y que los amantes del victorianismo ucrónico puedan lucir sus galas. Por mi parte, además de intentar participar en alguno de sus talleres, procuraré añadir lo que buenamente pueda al debate sobre el Steampunk que tendrá lugar a partir de las 17:00, junto con otros autores. Si os interesa, la dirección y más información en la página de Facebook.



25 de Septiembre. Jornadas Abretelibro!

Después de varios años participando en sus concursos, me hizo ilusión recibir la noticia de que contaban conmigo como "autor reserva" para la mesa que iban a dedicarle al Steampunk en la Casa del Lector. Una suplencia que, debido a problemas médicos de uno de los ponentes, me ha permitido salir del banquillo para formar parte del equipo titular y ponerme una vez más delante de los micrófonos. Será el domingo 25, a las 10:00, y como compañero de debate tendré a Eduardo Vaquerizo, con quien ya compartí una experiencia similar en las I Jornadas Steampunk que organizó la editorial Nevsky el año pasado.


Eso sí, las jornadas empezarán el sábado 24 y, como siempre, darán la oportunidad a los que acudan de saber un poco más sobre un interesante surtido de temas literarios (filosofía, novela histórica, teatro, thriller...), por lo que os animo a consultar su programación y pasaros por allí para aprender algo de boca de los autores y editores invitados.


Así pues, espero poder encontrarme con alguno de vosotros en estos eventos. Y si queréis acercaros con un ejemplar para llevaros una dedicatoria, no os preocupéis que llevaré "las plumas de firmar". 


jueves, 1 de septiembre de 2016

Entresijos Editoriales: Ediciones Nevsky

Abrimos el mes de septiembre y la temporada otoñal con una nueva entrevista a los responsables de un sello editorial; en este caso, los de Ediciones Nevsky. Un sello que comenzó centrado en la traducción de autores rusos, nos ha dado bastantes alegrías al hacer hueco a la ciencia ficción y lo fantástico nacional (en especial Sofía Rhei y Angel Luis Sucasas), y que ahora parece estar pasando por un periodo de readaptación, en el cual han vuelto a fijar sus miradas en los textos eslavos. Por mi parte, y a título personal, debo decir que estoy encantado de contar con ellos entre mi grupo de "conocidos del mundillo", y que espero que su tarea siga por muchos años.


1. Defínete como lector/a. Gustos, influencias...
Somos lectores bastante eclécticos, creemos que un editor tiene que serlo un poco. Aunque publiques género, por ejemplo, hay que leer otras cosas. Aunque publiques narrativa, hay que leer poesía. Y es una obviedad, pero en cuantos más idiomas puedas al menos leer, mayor ventaja tendrás para descubrir cosas y alimentar tu sello. La combinación de los gustos y la formación de los dos socios y editores de Ediciones Nevsky asegura bastante variedad y diversidad en nuestras lecturas, lo cual solo puede ser bueno para la editorial.

2. ¿Qué te empujó a crear un sello editorial?
¿La inocencia? No, en serio. Intentábamos abrirnos camino como traductores, pero no conseguíamos colocar todas nuestras propuestas. Un día nos dijimos que por qué no las publicábamos nosotros… El resto son casi seis años de lucha.

3. Autopublicación, piratería... ¿No es un momento arriesgado para embarcarse en esta aventura?
Nosotros estamos abiertos a otras fórmulas y modos, ¡siempre que sean legales! No somos contrarios a la autopublicación; es más, en nuestro caso nuestra experiencia editorial era prácticamente nula en nuestros inicios. Aprendimos caminando, también equivocándonos. Pero también creemos que los editores siempre serán necesarios, de una forma u otra. Eso se ve de forma clara cuando te llegan manuscritos para su valoración, que no están “pulidos” a un nivel de profesionalidad mínimo, pero ves que tienen buenas ideas detrás, incluso talento narrativo. Los editores manejamos herramientas todos los días que pueden ayudar a los escritores a que sus propuestas brillen más. Pero ojo, quien quiera autopublicarse, bienvenido sea. Sobre la piratería… mejor no hablamos. Hay que tener mala fe para piratear libros de editoriales pequeñas que ya de por sí lo tenemos complicadísimo para sobrevivir, y que lo hacemos mes a mes, como cualquier hijo de vecino.

4. También se dice que hay demasiados escritores y demasiados pocos lectores... 
Lo de que hay demasiados escritores, no lo sabemos, y tampoco nos parecería malo que existiera un “exceso” de creatividad. La industria editorial necesita a los creadores. Desgraciadamente, que haya pocos lectores es una obviedad en nuestro país, y algo que encima las instituciones no se esfuerzan en solventar.



5. Lectores, escritores, editores... ¿Cuánta influencia tienen a la hora de «poner de moda» cierto género?
Sólo hay dos cosas que pueden poner de moda un género: los medios audiovisuales (cine, televisión, videojuegos) y las campañas de márketing. Es absurdo pensar que los lectores, los escritores, y mucho menos los editores, tengan ninguna influencia en las modas.

6. Para publicar en tu sello... ¿Cuentos o novela?
Estamos pasando una etapa de regreso a los orígenes; así que diría que ser ruso.

7. ¿Qué buscas en un manuscrito a la hora de valorarlo?
Que me sorprenda de alguna forma.

8. ¿Cuál es el principal error que cometen los autores al enviar manuscritos?
Sin duda, enviarlos sin prestar atención a la lista editorial, a los géneros que publica la editorial en cuestión; o bien enviarlos cuando no tenemos abierta la recepción de manuscritos. Eso nos da una pista de que no se han molestado ni en mirar nuestra página web.


9. ¿Cuál es el libro del que estás más satisfech@?
Nuestra edición de El Maestro y Margarita.

10. ¿Un/a autor/a que te haya hecho ilusión publicar, o quien te gustaría trabajar?
Pocas veces se puede presumir de publicar a alguien que pasará a la historia de la literatura, pero creemos que será el caso de la joven autora rusa Anna Starobinets.

11. Un proyecto del que puedas hablar... 
Estamos trabajando en una antología definitiva, en dos volúmenes, de la ciencia ficción rusa y soviética, que va a ser sencillamente espectacular. El primer volumen se publicará en otoño, y creemos que será uno de los libros del año.

12. Recomiéndanos una lectura (que no sea de tu editorial).
En España hay pocas revistas de creación literaria, y eso supone un problema grave para el tejido cultural del país. Recomendaré dos revistas que destacan por sus contenidos y niveles de calidad: SuperSonic y Presencia Humana.

viernes, 26 de agosto de 2016

"La primera ley" de Joe Abercrombie

Aunque lo normal es que haga reseñas individuales de cada libro, incluso cuando se trata de una serie, el caso es que con La primera ley me veo obligado a hacer una excepción por la forma en que está concebida (y las impresiones que me ha causado). Por lo tanto, venga aquí mi opinión sobre la trilogía fantástica que ha hecho famoso a Joe Abercrombie.

En primer lugar hay que hablar sobre el universo en el que se desarrolla la historia. Y la mejor palabra para calificarlo que se me ocurre es hostil. Muy hostil. No sólo es que la mayoría de sus personajes vivan enfrentados a uno o más personajes, es que los lugares por los que se mueven son peligrosos (páramos helados, desiertos inacabables, ruinas malditas, campos de batalla de toda índole...). Y a eso hay que añadirle el toque Peckimpahniano con el que ha aderezado a sus personajes, de tal manera que todos ellos tienen defectos (físicos y/o de carácter) y secretos oscuros que callar. Lo cual es lógico, en un mundo egoísta como el que viven. Un mundo vendido al precio del beneficio que se pueda conseguir a costa de otros.


La saga comienza con La voz de las espadas, un tomo que sirve en esencia para presentarnos a los personajes principales de la saga, además del universo y las relaciones entre los distintos bandos que van a enfrentarse. Y precisamente eso es lo que me empujó a no escribir una reseña al acabar el libro, y continuar con la lectura de la saga. Porque, aunque los fans de Abercrombie que puedan leer esto me critiquen al expresarme así, la sensación al llegar a la última página fue como si El señor de los Anillos terminase su primer libro tras el Concilio de Elrond. Lo cual no quita para reconocer que se disfrutan mucho todas esas páginas en las que nos hemos ido haciendo una idea del carácter de cada uno de los protagonistas y sus claroscuros: Logen Nuevededos, como el guerrero norteño que ya está a vueltas de todo y al que le resulta imposible desprenderse de su violento pasado; Jezal dan Luthar, el joven noble, egoísta e inconstante, que ambiciona llegar a lo más alto de la élite a través de la carrera militar; Ferro Maljinn, la rebelde que una vez fue esclava y sólo vive para su ansia de destruir a los que la encadenaron; Bayaz, el mago cuyos poderes han empezado a palidecer pero se niega a dar por perdida la guerra que comenzó siglos atrás; Collem West, el héroe militar de origen humilde al que desprecian el resto de oficiales de la nobleza; y, por último, Sand dan Glokta, ex-soldado reconvertido en inquisidor tras sufrir el horror y las mutilaciones de las prisiones del reino Gurkhul, que lo redujeron a una sombra de su gloriosa figura.

Con estos personajes, Abercrombie desarrolla una historia punteada de episodios épicos, pero sucios, cargados de violencia que llega a ser demasiado explícita, al tiempo que maneja una trama soterrada de corruptelas palaciegas, falsas lealtades y auténticas conspiraciones para hacerse con el poder. Dos planos que se dividen durante la trilogía, hasta confluir en el último de los volúmenes. Mientras Bayaz y su compañía nos sirven la acción pura y dura, Sand dan Glokta es el que nos conduce por los elementos más escabrosos moralmente, sobre todo con las descripciones de las torturas y las motivaciones de los gobernantes, acompañado por un despliegue de humor negro que resulta admirable.


No quiero dar demasiados detalles sobre la trama de la trilogía, ya que hay ciertas revelaciones que no conviene estropear, pero procuraré explicarla lo mejor posible: el reino de La Unión domina una gran parte del mundo circular, aglutinando a centenares de nobles desde hace siglos. Sin embargo, el rey es ahora un viejo idiota y sus consejeros están en una continua por favorecer sus intereses. Y lo que todos ellos ignoran es que un terrible enemigo está hablando a los oídos de los enemigos de La Unión: los Norteños y el Imperio Gurko. Animándolos a coger las armas. Encendiendo los fuegos de la guerra. Una guerra en la que se emplearán armas convencionales, alquimia, magia y objetos místicos de un poder desmesurado, pues están involucrados los supervivientes del conflicto que provocó la división entre los magos, allá en los albores de los tiempos. 

Como ya he dicho, La voz de las espadas constituye la presentación general de la situación, mientras que Antes de que los cuelguen cubre las batallas en el norte y El último argumento de los reyes narra la invasión de La Unión y el desenlace final de la guerra.


Por supuesto, siguiendo la corriente actual de la fantasía, no nos conviene encariñarnos demasiado con los personajes, porque las muertes violentas están al orden del día. Pero, como ya decía al inicio, incluso resulta complicado empatizar con sus protagonistas. La mayoría de ellos tienen las manos tan sucias de sangre que ni ellos mismos se consideran dignos de redención, mientras que el resto actúa por motivos tan egoístas que no resultan dignos de admiración (salvo que seamos de los que admiramos a cabrones desalmados). Eso hace que, aunque en un principio resulte fácil buscar similitudes con Canción de Fuego y Hielo, a medida que vamos leyendo veamos que no hay ningún Ned Stark, ningún Jon Snow, ninguna Daenerys Targaryen. No hay nadie intentando hacer lo justo, porque Abercrombie nos sitúa en un mundo injusto en el que cada cual hace lo necesario para sobrevivir. 

Así pues, recomiendo La primera ley para todo aquel que se considere fan de El padrino, Harry el sucio, Los señores del acero y cualquier otra historia de anti-héroes de la peor calaña.

jueves, 4 de agosto de 2016

"Ready Player One" de Ernest Cline

Publicada en 2011, y con una versión cinematográfica prevista para 2017-2018, de la mano del mismísimo Spielberg, no hace falta decir mucho más para dejar claro que estamos ante un best-seller de aventuras. Una obra cuyo éxito, en mi opinión, se ha cimentado en una particular mezcla de nostalgia de la adolescencia, una trama sencilla pero absorbente y, por encima de todo, tratarse de un libro escrito por un friki para todos los que somos o hemos sido frikis.

El punto de partida del libro es bastante atractivo: una distopía situada en un futuro cercano (mediados del siglo XXI), en el que la escasez de combustibles fósiles ha derivado en una depresión mundial y una crisis social de graves consecuencias: los suburbios de las ciudades lo conforman torres construidas a base de apilar cualquier cosa que sirva como vivienda improvisada, lo cual incluye miles de vehículos de motor abandonados; muchos dependen de vales de comida para su sustento; algunas personas viven incluso como esclavos para las empresas a las que deben dinero; fuera de las ciudades se nos pinta un espectáculo propio de la saga Mad Max; y en ese estado de cosas, la realidad virtual es el lugar en el que todos los habitantes huyen de su horrible vida real y se relacionan. Para los amantes del cyberpunk, éste sería un estado temprano de cualquiera de sus universos.

En medio de esa predicción tan oscura tenemos a Wade Watts: un héroe que ejemplifica la mayoría de los estereotipos del friki, tal y como ha sido representado en el cine y los libros. Un muchacho poco agraciado, lo cual le provoca problemas para relacionarse en la vida real, demasiado listo y a la vez demasiado pobre para poder salir del agujero en el que está metido. Un crío cuyo minúsculo círculo de amistades está en OASIS, el mundo virtual que le permite ocultar todas sus inseguridades tras un avatar electrónico. Un círculo de amistades que se reduce a un amigo, con el que comparte su única afición: la cultura de los años 80 (videojuegos, películas, música, juegos de rol...), ya que está enfrascado en una "búsqueda del tesoro" a través de los incontables mundos virtuales de OASIS, cuyo premio es la fortuna multimillonaria de su creador.

Con esta premisa, cualquier lector que haya entrado en la adolescencia a lo largo de los ochenta se encontrará disfrutando de una especie de revival de su juventud. Y cuanto mayor fuera su afición a las películas, los videojuegos y/o la música, mayor será la diversión, pues el libro está plagado de referencias directas e indirectas a todo ello. De hecho, se pueden buscar en internet listados más que extensos de todos esos elementos. Y dudo que haya mucha gente capaz de haberlos identificados.

(ilustración de Florian de Gesincourt)

Por supuesto, como toda buena historia de aventuras con "chico marginado", a lo largo de la novela hará amistad con otros "buscadores del tesoro", que se convertirán en sus mejores aliados cuando haya que enfrentarse al terrible enemigo que acecha en la oscuridad virtual de OASIS: una corporación, que ha creado un ejército de esos buscadores, con el único propósito de ser ellos quienes consigan el premio final (lo cual incluye el control absoluto de ese universo virtual). Y mientras tanto tendrá tiempo para conocer el amor, sufrir que le rompan el corazón, pelearse con sus amigos por ser quien encuentre el tesoro, convertirse en un personaje famoso, escapar a un atentado y llevar a cabo proezas de espionaje informático.

Como ya he dicho al principio, ésta es una sencilla historia de aventuras. Pero Ernest Cline desarrolla con enorme talento la trama, de modo que nos pasamos todo el tiempo preguntándonos ¿cómo va a resolver Wade esto? De hecho, para aquellos lectores que comparten las aficiones del protagonista y han jugados los videojuegos, han visto las películas o escuchado las canciones a las que se refiere, la novela se suele convertir en una de esas lecturas absorbentes que sólo se dejan cuando se llega al último punto y final. Si eres de los que disfrutó en el cine de La historia interminable, de Tron (la original), de Juegos de Guerra, de Lady Halcón, de MazingerZ, has conocido la prehistoria de los videojuegos, la década de las hombreras y te gustaría tener un DeLorean... Ready Player One no puede defraudarte.

(imagen promocional para la película)

lunes, 11 de julio de 2016

De maestros literarios

Los que siguen este blog desde hace más tiempo, ya conocen algunas de las principales obras y autores que me han influenciado en mi vida (Verne, Wells, Asimov, Doyle, Scott Card...). Sin embargo, aunque todos ellos me infundieron esta necesidad de crear universos en los que poder llevar a mis personajes a vivir aventuras, y siempre he aspirado a igualar su capacidad para la maravilla, de ellos lo que aprendí al final fueron los mecanismos de esos géneros. NO quiero decir que no me enseñasen nada, si no que, al leerlos, me hacían soñar con el día en que yo mismo fuera capaz de escribir historias así: aventuras sin fin, misterios sorprendentes, mundos increíbles, lugares escalofriantes, monstruos aterradores...

¿Dónde quiero ir a parar? Pues (y a partir de aquí veremos cuántos aficionados se indignan), que al llegar a la última página de esos libros, la vena de escritor que vivía oculta en mi cabeza solía sentirse admirada por el contenido, pero no tanto por el continente. Creo que la primera vez que pensé "quiero escribir así" fue después de leer El intruso, de H.P. Lovecraft. Más allá de la sorpresa (y la dicha) de saber que Phineas Fogg había logrado ganar su apuesta; de la alegría de ver al Corsario Negro triunfar sobre sus enemigos; del terror de la comprensión de la verdadera naturaleza del "juego" de Ender. Al leer aquel relato tuve mi primera epifanía sobre el oficio del escritor. Con su última frase, Lovecraft me hizo consciente de que todo lo que había experimentado era fruto del uso del lenguaje y el ritmo en la narración. Así que resulta sencillo entender de dónde proviene mucho del barroquismo y las estructuras de mis relatos a partir de entonces (que pueden rastrearse hasta El secreto de los dioses olvidados).

Después de publicar la novela, tanto las críticas de amigos y desconocidos como el simple hecho de dedicarle muchas más horas a la escritura, me acabaron convenciendo de que necesitaba depurar mi estilo. Y, entre otras cosas, he ido participando en talleres de escritura con la sana intención de tonificar los músculos del escritor y quitarme malos vicios. Tarea que, combinada con la participación en un club de lectura, me ha servido para conocer a unos cuantos autores de los que quisiera creer que he logrado capturar algo de su talento al redactar.

Para empezar, debería nombrar a Terry Pratchett. Su capacidad para la parodia creo que es muy difícil de igualar. Ni siquiera ser un gran aficionado al humor negro y a esa forma retorcida de ironía que practican los británicos te asegura que tus textos se acerquen a la calidad de este maestro.Y aunque lo coloco aquí el primero, es probable que haya entre mis lectores quien diga que es una influencia complicada de percibir, puesto que en toda mi producción lo cómico escasea. Y aquí debo confesar mi cobardía, pues estoy por asegurar que ninguno de los relatos en los que he pretendido añadir notas de humor ha logrado críticas favorables (o, al menos, el nivel de aplauso que hubiese esperado). Lo cual me ha disuadido de probar más veces con ese camino. Aunque, quién sabe, quizá en el futuro...

Siguiendo la cronología de mi memoria, en segundo lugar debería ir Cormac McCarthy. Para describir la impresión que me produjo su escritura, baste decir que había empezado a leer La carretera en un PDF que debían haber hecho con el escaneo de algún ejemplar, y acabé por comprarme un ejemplar en papel porque sabía que esa copia me estaba robando la experiencia de lectura.  Una decisión de la que nunca me arrepentiré, porque así pude disfrutar de esa forma descarnada de escribir, logrando que parezca fácil hacer un texto sin florituras. Me dejó impresionado. Y como su lectura coincidió con la época en que intentaba asimilar las críticas al barroquismo de El secreto de los dioses olvidados, se convirtió en una de mis primeras referencias a la hora de simplificar la construcción de una narración. (De hecho, La carretera me resultó tan buena que no me he atrevido a leer ni una página del resto de su obra, por temo a que mi admiración se vea truncada, aunque sea un poco).

(ilustración de Mariusz Starwarski)

El siguiente autor al que debo referirme es uno de los grandes clásicos: Nabokov. Al autor de Lolita (que no he leído) le comencé a conocer gracias a una amistad, que me regaló un ejemplar de Mashenka, y un gran amigo que me animó a leer Pnin. Pero fue con Risa en la oscuridad con la que me rendí a su talento para crear diálogos brillantes, capaces de evocar mil detalles en la personalidad de sus criaturas. Esa manera de plantearlos, como si tan sólo estuviera transcribiendo una conversación intranscendente (y que lo que diga cada uno sea tan significativo, a todos los niveles), me fascina. Lo cual, para alguien que considera los diálogos como una "asignatura pendiente", es una gran meta. O, al menos, un desafío importante a largo plazo.

Al igual que con Nabokov, fue un buen amigo el que me dejó su ejemplar de Bajo el influjo del cometa para que pudiera conocer a Jon Bilbao. Pero la suya es una clase de maestría compleja. Te fascina sin que puedas señalar con claridad un recurso técnico concreto que resulte clave, y su destreza narrativa es impresionante. Para empezar, esa capacidad para convertir una situación en apariencia mundana en una trama angustiosa y hasta fuera de lo común, en todos los sentidos. Algo que no se puede imitar, porque proviene de la misma mente del autor. Como con los genios de la pintura, uno puede explorar los elementos técnicos de su obra y, aún así, sólo quedarse en "imitador de". Sin embargo, aspirar a provocar en el lector esa sensación de extrañamiento del mundo creo que es la clase de reto que te puede empujar a mejorar en la escritura.

Para acabar, siguiendo el orden más o menos cronológico que he establecido, tengo que hablar de Hemingway. otra de mis flagrantes "carencias en clásicos" durante años, que decidí subsanar tras leer varios fragmentos de sus relatos en sendos cursos de escritura. Para alguien tan aficionado a incorporar el misterio y a jugar con la evocación, los relatos de Hemingway proporcionan un sinfín de ejemplos sobre cómo trabajar la trama a través de "la parte sumergida del iceberg", con un narrador que da información con muchos niveles de interpretación (cuyo ejemplo más conocido es Colinas como elefantes blancos). Y, al igual que Nabokov, te obliga a admirar al forma en que plasma sus diálogos. Cómo puede organizar un relato en torno a una charla entre amigos, o la manera en que es capaz de plasmar aquello que dos personas no necesitan explicarse sin que resulte artificioso. Aparte de esa manera de escribir, como si cada cuento fuera el fragmento de un diario y estuviésemos leyendo una confesión de su pasado, o sus duras narraciones de escenas de guerra (En el muelle de Esmirna, o Tal como nunca serás). Muchas cosas que, por la proximidad en el tiempo, ya veremos cómo digiero y voy aprovechando...

Por último, y como mención honorífica, quiero referirme a Eloy Tizón, al que le debo una enorme disculpa por no haber encontrado aún el momento para leerle. Pero le incluyo aquí porque su tarea como profesor, en la opinión de unas cuantas amistades, le ha venido muy bien a mi forma de escribir. Para un autodidacta como yo, obligarme a reflexionar sobre el poder de ciertos elementos técnicos fue la manera de abrir puertas que no quería (o no sabía cómo) abrir. Y, de paso, me ayudó a madurar bastante en la forma de afrontar ciertos temas que, hasta entonces, solía evitar por la implicación emocional o una especie de "pudor literario".

Y con esto termina el artículo. Sospecho que me estoy dejando algunas referencias literarias en el tintero, pero prefiero dejarlas para una reflexión futura (en la que, seguro, podré añadir otros autores a los que habré "descubierto"). Y, además, en las disecciones que voy haciendo de los relatos ya publicados estoy procurando reflejar esos datos.


Así pues, hasta pronto y espero que disfrutéis de este artículo. Un saludo.

lunes, 4 de julio de 2016

Entresijos Editoriales: The Black House Editorial

Rompiendo un poco la tradición de esta sección (que siempre se había publicado el primer día del mes), conste que inaugura los artículos (muchos, espero) del mes de Julio, para seguir dándoos a conocer esa información que os podría ser útil a la hora de publicar con una editorial. En el caso que nos ocupa: The Black House, nacida por y para escritores en fechas muy recientes. Y para saber un poco más sobre qué hay detrás de ese sello "joven, dinámico e independiente", tenemos a María Victoria Stange, que ha decidido someterse con gran valentía a nuestro arduo cuestionario.


1. Defínete como lector/a. Gustos, influencias...
Como lectora soy ávida, voraz. No puedo evitar que todo lo que caiga en mis manos sea devorado. Me gusta la novela negra, el terror, el humor, la novela histórica, la ciencia ficción... Todos lo géneros tienen algo que aportar. Un libro permite que viajes, que rías, que sueñes, que ames, que odies. Un libro es un transmisor de emociones y siempre es un placer tener uno entre las manos.

2. ¿Qué te empujó a crear un sello editorial?
Muchas veces que hago esa pregunta, es un mundo apasionante pero de locos. Quizás la decisión principal fue intentar abrir espacios que para muchos autores estaban cerrados. Como sabes somos una editorial recién nacida, sólo llevamos seis meses sumergidos en esta vorágine y de momento solamente podemos dar las gracias a los autores, a las distribuidoras, librerías, imprenta, a los medios y por supuesto a los lectores, que sin ellos ninguno de nosotros existiría, por apoyarnos y confiar en The Black House editorial.

3. Autopublicación, piratería... ¿No es un momento arriesgado para embarcarse en esta aventura?
La pregunta del millón. No, con miedo no vas a ninguna parte. Si confías y crees en tu proyecto ¿por qué temer? Luchar contra la piratería es complicado pero no puede frenar tu trabajo. Nosotros no editamos en e-book (a no ser que un autor lo desee, y tendrá que convencerme jajaja). Apostamos 100% por el papel, que los libros estén en las librerías y trabajar mucho con la distribución. Si intentas hacer bien tu trabajo creo que no debemos excusarnos ni lamentarnos.

4. También se dice que hay demasiados escritores y demasiados pocos lectores...
Nunca hay demasiados escritores al igual que tampoco hay pocos escritores. Lo importante es ofrecer calidad, seleccionar muy bien los manuscritos y volcarte en tu trabajo. Un libro siempre tiene que estar vivo nunca puedes abandonarlo.



5. Lectores, escritores, editores... ¿Cuánta influencia tienen a la hora de «poner de moda» cierto género?
Creo que todos influimos un poco en  todo eso. Por ejemplo si un libro de novela histórica es un éxito de ventas es inevitable que libros de ese género se promocionen más, pero el juez más implacable es el lector. Lo que no se debe hacer es dejar de editar buenos libros porque supuestamente es un género “que no está de moda”.

6. Para publicar en tu sello... ¿Cuentos o novela? 
Las dos cosas. No se puede poner freno a la literatura. De hecho nuestro primer libro es una fábula y el segundo es una novela de ciencia ficción.

7. ¿Qué buscas en un manuscrito a la hora de valorarlo?
Ante todo calidad. También miramos si encaja en nuestra linea editorial ya que principalmente editamos obras de terror, fantasía, ciencia ficción, novela negra, humor y juvenil (porque creemos que los jóvenes tienen que leer mucho) pero si una obra nos llena y nos gusta siempre tendrá las puertas abiertas de nuestra editorial, sí el autor así lo quiere.

8. ¿Cuál es el principal error que cometen los autores al enviar manuscritos?
La impaciencia, pero es comprensible. Tienen que entender que todo lleva un proceso. Mimamos mucho el libro y una vez que seleccionamos un manuscrito nos volcamos en él. Por eso los autores deben entender que, si nos envían un manuscrito, no podemos valorarlo en dos semanas ni en tres meses. No es fácil seleccionar un manuscrito. Lo leemos, lo releemos, lo volvemos a leer y entonces decimos... y eso lleva su tiempo. No hay cosa más dura, y puedes creerme, que rechazar un manuscrito, porque en esa obra esta el trabajo y la ilusión de un autor. Y es muy difícil tener que decir que no.


9. ¿Cuál es el libro del que estás más satisfech@?
De los dos que hemos editado y si me preguntas dentro de un dos años te diré que de los quince que hayamos editado y así siempre. Todo libro que decidimos editar es una satisfacción y no estoy siendo políticamente correcta, es la pura verdad. Sí lees La fábula de la palabra perdida de Jacobo Feijóo y Los náufragos del Aurora de Francisco José Segovia Ramos ¿Cómo no estar satisfecha? Si son una delicia. Sumergirse en su lectura es un auténtico placer.

10. ¿Un/a autor/a que te haya hecho ilusión publicar, o quien te gustaría trabajar?
Me hace ilusión editar a Jacobo Feijóo, a Francisco José Segovia Ramos, a Marc Fernández Cardellach, a Eduardo Martínez Abarca, Ramón y Gervasio López... Y me hubiese encantado trabajar con Terry Pratchett, Tolkien, Poe... Es imposible dar un solo nombre

11. Un proyecto del que puedas hablar...
El próximo proyecto en el que estamos trabando y que pronto verá la luz, es una saga de literatura fantástica, en la que el autor ha creado unos personajes y un mundo increíbles y estamos convencidos que no va a dejar indiferente a nadie

12. Recomiéndanos una lectura (que no sea de tu editorial).
Esta si que es una pregunta complicada, recomendar sólo un libro con las maravillas que existen, pero no te haré caso y recomendaré dos. El primero El Principito de Antoine de Saint-Exupéry, es obvio el porqué, y la segunda es La feria de los santos de George Herman.

martes, 28 de junio de 2016

Cuentos Dispersos (III)

Hoy, el repaso a la inspiración y el proceso de escritura de los relatos que estoy publicando en Facebook se encarga de uno de los primeros cuentos que escribí tras decidir que mi talento artístico debía centrarse en la literatura.

MALDITO PRIMER VIAJE (recuerda que, si no has leído el relato, puedes acceder a él haciendo click en el título)

Este relato nació gracias a un grupo de aficionados a la creación literaria, al cual me uní en los primeros años de pertenencia a Mensa, y que acabé administrando durante una época. En aquel momento se daba la circunstancia de que no era un grupo muy activo, de modo que organicé convocatorias periódicas de relatos cortos que debían versar en torno a un tema prefijado; un sistema que a mí me gusta (quienes me sigan en Facebook ya deben de saberlo), porque suele obligarme a hacer eso que se recomienda en los cursos de escritura: salir de la zona de confort. Y, para el caso que nos ocupa, el tema sobre el cual debíamos inspirarnos era "el primer viaje".

Hace ya bastantes años que lo escribí, y no puedo recordar qué fue exactamente lo que me empujó a idear una trama así; aunque, por otro lado, tengo claro que pensé "este tema va a inspirar historias felices, de tintes melancólicos. Tengo que evitar eso para destacar". Así que me propuse imaginar el peor decorado de un primer viaje que me fuera posible. Y creo que lo conseguí. De hecho, pensando en ello ahora, no sé si habría leído ya La carretera, porque esa podría ser una fuente plausible.

En cualquier caso, la idea final surgió con mucha fuerza, puesto que se convirtió en uno de esos relatos que se escriben "de una sentada"; gracias, sobre todo, a que las imágenes y los sentimientos que deseaba transmitir estaban muy claros en mi cabeza: la desesperación y el dolor por el amor perdido, el momento de caos, y la visión del mar. Porque, eso sí, estoy seguro de que intenté recrear las sensaciones de mi primera vez al ver el mar (debía de tener diez o once años, y sólo lo conocía por la televisión y las fotos), combinadas con escenas de evacuaciones durante la Guerra Civil que habría visto en libros de historia o en algún documental.

A título personal, éste debe ser uno de mis relatos "de primerizo" de los que me siento más orgulloso. No sólo por la intensidad de la historia, si no por servirme como prueba de que podía escribir algo desprovisto de cualquier clase de elemento fantástico, poner el acento en los sentimientos y que el resultado fuese bueno. Con el paso del tiempo, la ficción "a secas" ha ido estando presente más y más en mis escritos, pero no dejo de pensar que éste relato también constituyó un "primer viaje" en mi formación como escritor, enseñándome nuevos caminos sobre los que transitar y dándome confianza para adentrarme en ellos.

Por último, y para saciar la curiosidad de aquellos que puedan haberse quedado con ganas de saberlo, terminará diciendo que el relato fue escogido como el mejor de su convocatoria, mereciendo con ese premio el ser publicado en la revista de la asociación. Dándome de paso ánimos para seguir probando suerte con otros concursos literarios.

Y eso es todo. Hasta pronto y espero que hayáis disfrutado de este artículo. Un saludo.

jueves, 23 de junio de 2016

"La entrega" de Dennis Lehane

Aunque soy muy fan de las historias detectivescas y las tramas de suspense, nunca he sido un gran lector de novela negra. Supongo que se debe a que, cuando era un crío y disponía del tiempo para leer todo lo que quería, no acabé de conectar con ese tipo de personajes sucio y cargado de vicios que me proponían: me quedé con los anti-héroes de la ci-fi y la fantasía, dejando de lado a los Sam Spade y Philip Marlowe... y perdiéndome de paso algunas historias grandiosas, lo reconozco.

Valga todo lo anterior para aclarar mi sorpresa y pesar por no haber entrado antes en contacto con uno de los grandes maestros del género en esta época: Dennis Lehane. De hecho, mi interés por su obra surgió tras ver la adaptación cinematográfica de la novela de la que voy a hablar, y que me había sorprendido muy gratamente. De hecho, esta novela es el resultado de extender un relato para convertirlo en un guión cinematográfico. Y con una gran efectividad.

Ambientada en el Boston de principios del siglo XXI, La entrega es un historia barriobajera; de personas que sólo aspiran a seguir adelante conviviendo con su pasado, y otros que aún sueñan con despertarse en ese futuro que se imaginaron muchos años atrás, y se ven en la necesidad de aprovechar lo que creen que es su última oportunidad de "coger el tren a la gran vida". El problema es que los billetes de ese expreso se suelen pagar con sangre, y enseguida se acaba buscando a terceros que sirvan de moneda de cambio. 

En el bando de los "conformistas" tenemos al personaje principal, Bob Saginowski: un tipo criado por unos padres muy mayores en un ambiente católico, cuya vida se reduce a ir de su casa al bar del primo Marv a servir de camarero. Sin embargo, su monótona existencia se verá modificada el día que encuentra un cachorro herido en el cubo de la basura de una desconocida: Nadia, una chica con un pasado errático y dolorido que ya sólo desea una vida monótona como la de Bob.

El bando de los "inconformistas" está liderado por el Primo Marv; familiar de Bob, antiguo pandillero aficionado al trapicheo, y gerente de un bar cuyo control debió entregar a la mafia chechena nueve años atras (rendición que le amarga día a día). Después tenemos al Detective Torres, incapaz de controlar su afición al alcohol ni de ser fiel a su mujer, cuya carrera parece estancada en el departamento de robos y que desearía resolver un caso que le ayudase a salir de ese agujero profesional. El último miembro de este grupo sería Eric Deeds, ex-presidiario, ex-novio de Nadia, violento e impredecible, que también tiene en mente un gran plan con el que conseguir lo que desea.


Como ya he dicho, el personaje principal de La entrega es Bob. Aunque el narrador nos lleva en ocasiones a conocer la vida del primo Marv, el detective Torres o Eric, la mayor parte del tiempo la vivimos junto a Bob. Escuchando sus pensamientos y viendo cómo se las apaña para cumplir la máxima del barrio de East Buckingham: no te involucres. Mantén la boca cerrada. Por eso, el encuentro con el cachorro herido y con Nadia suponen un enorme cambio en su anodina rutina diaria, pues le harán romper con el aislamiento social al que le ha conducido ese "no involucrarse" en los problemas de los demás. Por otra parte, la situación de Bob y Marv se verá comprometida tras sufrir un atraco en el bar. De pronto se convierten en sospechosos para sus jefes chechenos que, para poner a prueba la lealtad de ambos, les encargan "la entrega": recoger todas las apuestas ilegales de la ciudad para la noche de la Super Bowl. Una tarea que se puede ver incomodada por el súbito interés del detective Torres en el bar y en un antiguo crimen vinculado a ese lugar. Y por si fuera poco, Eric Deeds se añade a esta combinación para agitar aún más el remansado espacio por el que se estaba dejando llevar Bob Saginowki; obligándole a hacer lo necesario para conservar la calma en su vida.

Resulta muy complicado hablar del desenlace sin caer en el pecado de adelantar hechos, pero baste decir que La entrega cumple con los principios de la novela negra: no hay una escena final iluminada por un arco iris esperando a ninguno de sus personajes. A lo máximo a lo que pueden aspirar es a conservar la vida en la última página, quizás incluso a sentirse algo mejor con ellos mismos... Pero ese es un premio que no van a alcanzar todos. Aunque al lector puede que llegue asomarle una sonrisa de tranquilidad al llegar al punto final.

viernes, 3 de junio de 2016

"El Castillo Ambulante" de Diana Wynne Jones

Como aficionado a la filmografía de Hayao Miyazaki, me resulta complicado plantear esta reseña sin tener también en mente la estupenda película de animación que realizó el Estudio Ghibli en 2005. De hecho, durante la lectura del libro no puede evitar el hacer comparaciones con la historia que yo recordaba del cine. Sin embargo, y aunque ambas versiones comparten gran parte de la trama central, fue un placer descubrir que las variaciones entre una y otra añaden un elemento de sorpresa muy beneficioso a la experiencia.

La base de El Castillo Ambulante es muy sencilla (como corresponde a la novela juvenil que es): Sophie es una joven con una vida un tanto gris, que trabaja haciendo sombreros en la tienda de su difunto padre. Hasta el día en que la Bruja del Páramo se presenta allí y le lanza una maldición que la convierte en una anciana. Eso la lleva a abandonarlo todo y a toparse con el Castillo Ambulante que da título al libro: la peculiar residencia del temible mago Howl, del que dicen que seduce doncellas para devorar sus corazones.

Se suele decir que hay libros cuyas primeras frases nos cautivan para seguir leyendo. En el caso del libro de Wynne Jones, nos dibuja una sonrisa y crea la necesaria empatía con la protagonista para el resto de la narración, con un párrafo inicial que tiene un poco del Mundodisco de Pratchett o de Neil Gaiman:

En el país de Ingary, donde existen cosas tales como las botas de siete leguas y las capas de invisibilidad, ser el mayor de tres hermanos es tener mala pata. Todo el mundo sabe que serás el primero en fracasar, y de la peor forma, si los tres salís en busca de fortuna.
Sophie Hater era la mayor de tres hermanas. Ni siquiera era la hija de un pobre leñador, lo que le habría proporcionado alguna posibilidad de éxito.

Ciertamente, la Sophie que conocemos al inicio del libro está resignada a pensar en pequeños logros. A que sean sus hermanas menores, Lettie y Martha, quienes consigan grandes cosas. Pero eso sólo significa que no aspira a logros deslumbrantes, no que sea una pusilánime. Y quien conozca las películas de Miyazaki, ya sabrá que sus protagonistas suelen tener personajes con la capacidad de enfrentar cualquier desafío que se le plantee. En el caso de Sophie, esa conducta apocada se verá sacudida al recibir la maldición de la Bruja del Páramo: incapaz de permanecer en su hogar con el aspecto de una vieja decrépita, y temiendo que eso le cause un trauma a su madrastra, se marcha con la esperanza de que Lettie pueda ofrecerle una solución, ya que su hermana está siendo adiestrada en la magia (aunque luego descubriremos que la propia Sophie dispone de un talento natural para hacer magia). En ese viaje será en el que se encuentre con el Castillo Ambulante y acabe por conocer al misterioso y aterrador mago Howl en persona.


La trama principal de la historia se forja en este momento. Sophie no puede revelar a nadie que está encantada, pero Calcifer, el demonio de fuego que sirve a Howl, puede ver a través del encantamiento y le promete acabar con la maldición si ella le ayuda a romper el contrato que le une al mago. Y, a partir de entonces, la pobre Sophie ejercerá de ama de llaves sobre la caótica población del Castillo Ambulante, al tiempo que intenta desentrañar el misterio que rodea a su temido propietario.

Por suerte para Sophie, la maldición la ha vuelto más osada y desvergonzada. Al fin y al cabo ¿qué podría ocurrirle, que fuera peor de lo que ya está sufriendo? Y así vamos asistiendo a un cómico duelo de caracteres, entre la pulcra y moralista Sophie y el caprichoso e indolente mago Howl, con Calcifer y el aprendiz del mago, Michael, como sufridores testigos. De este modo descubriremos las múltiples identidades secretas del mago, su continua tendencia a ejercer de Don Juan, el miedo que está detrás de la verdadera razón para llevar el castillo de un lado a otro, y la cantidad de problemas adicionales de los que también intenta huir.

Para los que llegamos al libro después de conocer la película, son pocas las diferencias sustanciales que podemos encontrar. Sin embargo, hacia la mitad del libro se nos revela un dato sorprendente: que Howl, en realidad, proviene de un lugar muy distinto al de esos reinos de fantasía; de otro mundo, que es posible que le arranque una sonrisa a los lectores y que, a los aficionados a Gaiman como un servidor, les hará disfrutar aún más de la historia. A lo cual hay que unir las escenas en las que la propia Sophie realiza la muy peculiar forma de magia de que es capaz.

Por otra parte, la novela carece de uno de los detalles principales que da sentido a la película: el espíritu anti belicista. El Howl del libro tiene un desinterés egoísta por la guerra (que apenas tiene un papel secundario en la narración), estando mucho más centrado en rehuir las obligaciones que le supondrían participar en el conflicto y en escapar a la persecución de la Bruja del Páramo. en ese aspecto, la novela resulta más modesta; pronto vemos que las tiranteces y duelos verbales entre Sophie y Howl derivan hacia riñas propias de quienes siente algo más profundo que la amistad. Detalles que van buscando el "happy end" a esta comedia romántica en un mundo de fantasía.

En cualquier caso, y pese a esas diferencias, es fácil imaginar a algún lector del libro recomendandoselo a Miyazaki. Al fin y al cabo, y como he dicho al principio, sus trescientas páginas pueden proporcionar un muy buen rato de diversión a cualquier lector a partir de quince años. Y quien se quede con ganas de más puede probar suerte con los otros dos libros que cierran la serie: El castillo en el aire y La casa de los mil pasillos

lunes, 30 de mayo de 2016

Cuentos Dispersos (II)

Ya que este mes ha sido tan escaso en noticias que merecieran redactar un artículo, voy a intentar compensar esa sequía con otra disección de uno de los relatos que he publicado en Facebook (y cumplir así la promesa de que ésta se iba a convertir en una sección fija del blog), y confío en que Junio volverá a tener una actividad normal en cuanto a publicaciones.

MOKU (recuerda que, si no has leído el relato, puedes acceder a él haciendo click en el título)

Es curioso porque, aparte de mi afición a la fantasía, el terror y la ci-fi, se podría decir que también tengo una inclinación natural hacia el drama, o lo melodramático, cuando me planteo historias de ficción "histórica". Y Moku es uno de los ejemplos paradigmáticos de esa tendencia a ver la parte más oscura de nuestra realidad (junto con Maldito primer viaje).

La historia se me ocurrió poco después de ingresar en el grupo de Facebook "Tengo dos minutos. Cuéntame una historia", una propuesta bastante interesante para quienes practican el relato breve (o quieren probar con el formato). El caso es que quise aportar mi granito de arena en el grupo, y me puse a buscar inspiración. Y aunque debo confesar que, en este caso en concreto, no sabría decir de dónde me llegó "la chispa", supongo que no estoy desencaminado si digo que debió ser alguna noticia al respecto de los niños soldados, o algún documental respecto a las guerras en África...

Sea como fuere, decidí enfocar el relato en las horribles condiciones de vida de un niño soldado en África: imaginar el trauma psicológico por el que podría haber pasado, describir esa existencia sin una verdadera infancia, o el endurecimiento mental que les haría asimilar conceptos que son propios de los soldados curtidos, como la cotidianeidad de la muerte. Todo ello mediante un recuento de elementos que, ahora que estoy mirando el cuento con otros ojos, sirve para reducir al propio protagonista de la historia a un número en una ecuación macabra.

El resultado final, por las críticas que me dejaron los lectores del grupo, fue bastante bueno. Como es obvio, no resulta una lectura fácil de digerir; pero la intensidad emocional y el mensaje llegan a la perfección, cumpliendo con su intención principal: remover las entrañas al lector, y hacerle pensar en una tragedia actual (otra de tantas de las que nos hemos acostumbrado a oír noticias e ignorar por completo).

Eso sí (y por desdecirme respecto a lo que comentaba al principio de esta disección), aunque es cierto que, al plantearme historias en nuestra realidad, tiendo a buscar el agitar un poco las conciencias, quien haya leído El muro sabrá que también me gusta recrear esos momentos en que la humanidad hace honor a la palabra. Así que espero que nadie crea que soy un espíritu amargado que vaga por las calles fijándose tan sólo en los peores ejemplos de la naturaleza humana.

Y eso es todo. Por ahora me despido, confiando en poder ofreceros nuevos artículos y noticias a partir de Junio, para mantener un ritmo de publicación más apropiado. Un saludo.


martes, 26 de abril de 2016

De vuelta "al candelabro"

... como diría cierta "celebrity". Y es que la semana pasada recibí la muy grata sorpresa de que uno de mis relatos había sido seleccionado para entrar a formar parte de una nueva antología: Fantasías Populares, organizada por el blog de Giny Valrís, Cuentos de Vaho.

(el diploma que nos hizo llegar la organización a los seleccionados)

Me alegra haber logrado éste éxito, en primer lugar, por volver a recuperar la confianza de cara a seguir presentándome a concursos. Porque, aún teniendo ciertas sospechas sobre cuáles fueron las claves que me dejaron fuera de tantas convocatorias el año pasado, necesitaba un resultado así para confirmar que mi nivel no había decaído. Por otra parte, lo he logrado con un relato cuya extensión está bastante por encima de mi promedio (cerca de 4000 palabras). Y, por último, se trata de una historia de terror contemporánea, de modo que vuelvo a demostrar que no estoy limitado al steampunk o a las ambientaciones decimonónicas (algo que, por otra parte, ya me habían confirmado los lectores beta de la colección de "relatos angustiosos" que estuve puliendo durante el pasado otoño-invierno).

También debo de reconocer que me habría costado tomar parte en la convocatoria, de no ser por el breve curso de escritura que realicé a primeros de año en el Hotel Kafka. Y es que, como "ejercicio final" para el temario de terror, Ismael Biurrún nos había propuesto un relato en torno a las leyendas urbanas (siguiendo algunas de sus indicaciones sobre cómo enfocarlo); de modo que aproveché esa coincidencia para ponerme manos a la obra y matar dos pájaros de un tiro. Y así fue como, al final, logré desarrollar una trama que aprovecha la corriente actual del creepypasta para elaborar un homenaje personal a mi escena favorita del It de Stephen King.


Así pues, espero que pronto aparezca la antología en Lektu y podáis descargaros el libro para leerlo.

Un saludo. 

martes, 19 de abril de 2016

Cuentos Dispersos (I)

Tal y como anuncié en el último artículo de Marzo, este mes sirve para dar inicio a una nueva "sección fija" en el blog, que hereda el planteamiento de los artículos en los que estuve comentando los relatos de Ni colorín, ni colorado: hablar de forma pormenorizada sobre las fuentes de inspiración y el proceso de redacción de uno de los cuentos que he publicado en el pasado.

La razón principal de esta sección es la de complementar a mi página oficial en Facebook, ya que ahí estoy recuperando una serie de relatos que se publicaron años atrás en revistas, webs o recopilatorios, pero que nunca había "diseccionado" con la misma profundidad que lo hice en Cuentos Cuánticos. De esta manera espero ofreceros textos que desconocíais y, de paso, explicaros qué locuras estaban pasando por mi cabeza mientras los escribía. Un ejercicio que también me va a obligar a hacer memoria, ya que unos cuantos de esos textos son fruto de la inspiración del momento...

Y una vez puestos en situación, creo que es el momento de inaugurar de forma definitiva la sección (Para aquellos que no habéis leído los relatos, os recomiendo que pulséis sobre el título del cuento para seguir al enlace y le dediquéis unos minutos antes de pasar al comentario).


Publicado en el foro Abretelibro! allá por 2009, este relato nació como fruto de mi admiración por Terry Pratchett, a quien estaba leyendo casi de forma intensiva por aquel entonces, y muy en concreto por el personaje de Muerte. Por el contenido del texto, es probable que  ya hubiese leído Mort, y cualquier conocedor del Mundodisco podrá ver que la mayoría de elementos de su universo están presentes en los pocos párrafos que componen el relato. Eso sí, no sabría decir a ciencia cierta qué me empujó a escribir la historia; aunque creo recordar que se debió a una conversación con otro fan de Pratchett, una charla en la que acabamos hablando sobre la Muerte y su fascinación por los seres humanos y sus costumbres. Fuera como fuera, el hecho es que me animó a elucubrar sobre lo que podría ocurrir si el peculiar personaje de Mundodisco decidiera probar suerte con la repostería. Una forma sencilla de enlazar la escritura con otra de mis aficiones (o vicios, no lo tendría claro).

De todo el proceso de escritura, el más duro sin lugar a dudas fue conseguir acercarme al estilo literario de Terry Pratchett. Aunque me gusta el humor británico, y disfruto muchísimo con los juegos de palabras y los chistes que aparecen en los libros de Mundodisco, imitar una forma de escribir tan particular es muy complicado. Aparte de lo frustrante que puede ser la comedia: lo que a ti te hace mucha gracia mientras escribes, no siempre tiene por qué resultarle igual de hilarante al lector. De hecho, éste es uno de los pocos relatos en los que me he atrevido jamás con este género (a excepción de cierta novela, escrita hace más de veinte años, que quizás algún día me atreva a desempolvar y pulir). Aún así, considero que las bromas del cuento se acercan bastante al modo en que podría haberlo desarrollado Pratchett (y los amigos que leyeron el relato por aquel entonces no le pusieron demasiadas pegas).

En cualquier caso, y sin creer que haya podido alcanzar la genialidad del maestro, Muertelillos es un relato del que siempre me he sentido satisfecho. Tanto por la dificultad de homenajear de forma convincente un universo así de rico, como por las sonrisas que me siguen arrancando algunos de los fragmentos cada vez que vuelvo a releerlo. Y, por otra parte, constituye un buen ejemplo de esta tendencia mía a homenajear de vez en cuando a otros autores que admiro.

Y eso es todo. En próximos meses seguiré comentando el resto de relatos que siga publicando en la página oficial. Así que, si no la seguís aún, os animo a hacerlo e ir leyéndolos. 

Un saludo.

viernes, 1 de abril de 2016

Entresijos Editoriales: Juan Angel Laguna (Saco de Huesos)

Después del breve parón de Marzo, vuelven las entrevistas al blog para abrir el nuevo mes. En este caso, con todo un personaje del fandom del terror: Juan Ángel Laguna, editor de Saco de Huesos y que entre sus muchos méritos tiene el de haber dirigido a la Asociación NOCTE de Escritores de Terror durante largo tiempo. Y es que además de un estupendo autor de terror, Juan ha ayudado a que muchos otros aficionados al género pudieran dar sus primeros pasos en el mundo editorial gracias a él y a la editorial que ayudó a levantar.


1. Defínete como lector/a. Gustos, influencias...
Soy un lector errático y desordenado. Sucumbo a cantos de sirena de todo tipo: novela, relato, poesía, cómic, ensayo... ¡incluso manuales de rol! Y sin distinguir demasiado por idioma (me apaño con el italiano, el inglés, el francés y, en mucha menor medida, el portugués). Eso sí, me gusta acabar los libros que empiezo, por lo que últimamente intento afinar más las elecciones. Solo con los manuscritos de la editorial soy más inflexible: esos van por orden de llegada.

En cuanto a gustos, prácticamente de todo, aunque tengo debilidad por las historias de terror atmosférico y corte quizás algo clásico y los cómics de espada y brujería.

2. ¿Qué te empujó a crear un sello editorial?
Como se suele decir, una cosa llevó a la otra... En la difunta OcioJoven nos juntamos unos cuantos escritores con talento y muchas ganas de hacer algo y publicamos por nuestra cuenta y riesgo El desván de los cuervos solitarios, la primera antología fosca denominada como tal. La experiencia fue divertida y me permitió abordar otros aspectos de la creación literaria más indirectos, como son la selección, la corrección de estilo, la edición... También, a medida que conocía a más y más autores nacionales, constataba que teníamos una cantera muy interesante y que se enfrentaba a pocas opciones de publicación. De esta conjunción nació Calabazas en el Trastero. Y como el experimento salió bien, tras el segundo número pusimos en marcha el sello editorial: Saco de huesos.

3. Autopublicación, piratería... ¿No es un momento arriesgado para embarcarse en esta aventura?
Lo que hace malo este momento, en realidad, es la propia crisis. Las empresas de autopublicación no son competencia para los editores tradicionales porque sus clientes son distintos: los primeros buscan autores que paguen y los segundos lectores que compren.

En cuanto a la piratería... ese es un tema más complejo y solo la punta del iceberg de todo lo que falla en el sistema productivo (no solo editorial). Tenemos una economía basada en el consumo, pero desde un punto de vista meramente material vamos hacia el colapso, por un lado por aspectos medioambientales y por otro, por el propio sistema de producción, que premia la gran escala y el abaratamiento de costes salvo excepciones. Personalmente, creo que a un sello pequeño no lo ahoga que haya piratería digital; al menos, no tanto como que haya conglomerados editoriales vendiendo libros en supermercados como si fueran sacos de patatas o el no poder permitirte distribución convencional porque no puedes seguir el ritmo de novedades que exige.

En Saco de huesos hemos optado por la small press. De entrada renuncias a que el sello funcione como medio de vida, al menos a medio plazo, pero a cambio puedes dedicar más tiempo a la edición, a cuidar el libro. Es una perspectiva romántica, sin duda, pero es que el sector editorial, si eres pez pequeño, no te deja muchas más opciones.

4. También se dice que hay demasiados escritores y demasiados pocos lectores...
Los escritores son también lectores y, por lo general (no siempre), leen más libros de los que escriben. Aun así, sí que es cierto que hay mucha oferta lectora, pero el problema no viene tanto de que exista esta oferta, que en sí es positiva (mejor tener más donde elegir), sino de que, al tratar el libro como un producto de mercado más, su valor económico es reducido. Esto hace que poder vivir de escribir sea muy difícil, porque hace falta una cantidad de lectores anual muy grande, tanta que solo sellos muy importantes pueden conseguirla... y a estos les viene mejor concentrar sus esfuerzos en bestsellers. Es decir, que hay poco tejido editorial para los autores intermedios y la posición de estos es precaria.

Por eso, a mi parecer, la reflexión está mal planteada: no hay muchos escritores. Que haya mucha gente escribiendo es una buena noticia. El problema es que hay poca infraestructura para esos escritores, por lo que no pueden desarrollar su labor de un modo profesional, o semiprofesional, hasta que dan un pelotazo. Y, a veces, ni siquiera. No nos engañemos: si hubiera la mitad de escritores, incluso una cuarta parte, seguiría habiendo “demasiados” para la perspectiva del mercado. El tema es que, cuando hablamos de cultura, la sobreproducción no debería ni considerarse tal.

5. Lectores, escritores, editores... ¿Cuánta influencia tienen a la hora de «poner de moda» cierto género?
No sabría decir. Por aventurar algo, creo que, a día de hoy, las modas se marcan de un modo más global y que en buena medida bailamos al ritmo de la industria audiovisual (cine, televisión, videojuegos) americana, aunque en algunos sectores haya otros focos que sirvan de contrapunto, como Japón o Europa. En ese sentido, la publicidad marca pautas insoslayables. Ahora ha vuelto StarWars y está en todos lados, desde el servicio de correos francés a los cereales. La narrativa de la franquicia va a crecer, sin duda, y con suerte otras obras de space opera disfrutarán del efecto arrastre.
Sí que hay ocasiones donde parece que la chispa prende en otros estratos, como pasó con La sombra del viento de Zafón o las conspiranoias de El Código DaVinci, pero llega un momento en el que para que la tendencia pase a ser moda propiamente dicha tienen que ponerse en marcha engranajes más grandes.

6. Para publicar en tu sello... ¿Cuentos o novela?
Publicamos tanto relatos como novelas. Y también microrrelatos, cómics, librojuegos, juegos de rol y cualquier otra forma de narrativa escrita. Tenemos en catálogo hasta un refranero. Es una de las ventajas del small press: no estamos sujetos a la tiranía de los formatos que mejor venden. Podemos permitirnos apostar por el contenido más que por el continente.


7. ¿Qué buscas en un manuscrito a la hora de valorarlo?
Voz propia. Y, cuando ejerzo de editor, no pretendo siquiera que esté en sintonía con mis gustos más acérrimos. Cuando leo los manuscritos que nos presentan busco decirme “esto no lo hubiera escrito yo”. Me pueden ganar por calidad pura y dura, claro, pero también, y esto es muy importante, por enfoque. Creo que en este mundo saturado cada libro debería tener su propia alma.

Me entristecen las cartas de presentación que te dicen esto se va a vender bien porque tal cosa tiene tirón, porque ahora molan los vampiros o porque al público le gustan los thrillers erótico dinámicos, como si solo aspirasen a hacer más de lo que ya está en marcha. Sobre todo es triste que nos manden cartas así a Saco de huesos. Hay que tener un profundo desconocimiento del sector para entrar en consideraciones de este tipo cuando llamas a la puerta de un sello de small press. Si en Saco de huesos hubiéramos publicado La sombra del viento, no se hubiera convertido en un fenómeno internacional. Es duro decirlo, pero es lo que hay. Ojalá llegue a cambiar esta sentencia.

8. ¿Cuál es el principal error que cometen los autores al enviar manuscritos?
No saber a dónde los mandan. A veces nos llega un email con una novela histórica que han mandado en copia abierta también a Valdemar, Edhasa, Autoediciones Paco y veinte sellos más. Y, bueno, mola verte en el mismo saco que Valdemar (aunque ellos tampoco publiquen novelas históricas) y Edhasa, pero cualquiera debería saber que no nos dedicamos a lo mismo. Si ya no distinguimos una empresa de autoedición de un sello internacional, apaga y vámonos.

Lo primero que tendría que hacer un escritor es mirar quién publica los libros que le gustan, al lado de quién le gustaría verse en una estantería. Y luego ponerse a trabajar para que su novela, antología o lo que sea no desentone junto a esos libros. Ese es un trabajo arduo, por supuesto, y a veces no se puede hacer en solitario.

9. ¿Cuál es el libro del que estás más satisfech@?
Como editor, quizás sea Alimañas, una novela corta de Óscar Pérez Varela ilustrada por Jean Gilbert Capietto. Es el proyecto en el que más activamente he participado, creo. Cuando nos llegó el manuscrito nos encantó: era extraño, tenía fuerza, mensaje, una estructura peculiar... y unos cuantos dibujos a boli que le daban mucho encanto pero que estaban hechos a vuelapluma de cualquier manera. La propia maqueta del archivo, quizás descuadrada por mi ordenador, era una aberración no-euclidiana de estas que tanto gustaban a Lovecraft. Así que decidimos publicarla, pero buscando un ilustrador para recrear el espíritu de esos dibujos de un modo más profesional. Jean, con quien ya había trabajado un par de veces, fue mi primera opción y, a decir de Óscar, acerté de pleno.

Luego, fue un libro entretenido de maquetar, porque quería que hubiera un auténtico diálogo entre la ilustraciones y los textos. El resultado es una obra con mucho carácter propio en la que he podido aportar algo.

10. ¿Un/a autor/a que te haya hecho ilusión publicar, o quien te gustaría trabajar?
Con todos me ha hecho ilusión trabajar, aunque los motivos son distintos. Por ejemplo, desde que descubrí al Cruciforme he sido un gran admirador del trabajo de Santiago Eximeno y Pedro Belushi. Contar con ellos en la editorial es algo que me enorgullece. A Ignacio Cid Hermoso le publicamos su primer libro en solitario con el convencimiento de que iba a llegar muy lejos y ahí está con un carrerón imparable. La relación, además, ha sido magnífica con todos ellos y eso que tenemos poco que ofrecer. Me cuesta, de hecho, morderme los dedos y no contar más anécdotas, pero es que no acabaría.

Por otro lado, hay mucha gente con la que me gustaría trabajar pero preferiría no hacerlo, aunque suene horrible: Saco de huesos surgió para cubrir un hueco que, por desgracia, sigue ahí. Los autores de calidad que tenemos no encuentran casi tejido editorial para publicar en condiciones, sobre todo si se dedican al terror. Ahora que Valdemar ha abierto su línea Insomnia, que Fantascy también ha fichado a algunos autores y que sellos como Tyrannosaurus Books están saltando a nivel nacional llegan posibilidades, pero esto sigue siendo un páramo. Eso es lo que explica que un sello como el nuestro, que prácticamente no tiene difusión, esté publicando lo que estamos publicando. Hemos llegado a recibir como manuscritos obras que han sido finalistas del Planeta, y no solo una vez. La anécdota sería graciosa si no pusiese de manifiesto lo precario que está el panorama.

11. Un proyecto del que puedas hablar...
Tenemos varios en marcha, pero los más inminentes son What's up, Doom?, una novela humorística de Martin Sinister ilustrada por Pedro Belushi, y Walpurgis, el retrojuego de rol de fantaterror de los '60 y '70 realizado por Víctor Conde, que, como todo proyecto creativo que se precie, parece estar maldito: debería haber sido publicado hace más de un año y todavía estamos batallando con mil imprevistos.

12. Recomiéndanos una lectura (que no sea de tu editorial).
Alma y el poeta, de José María Tamparillas, una delicia publicada por Dissident Tales con ilustraciones fotográficas de Marifé Castejón. En general, las ediciones de la editorial son una pasada, pero en este caso el resultado es de orfebrería. La mezcla de terror, costumbrismo dislocado y filtro de novela negra dan algo único.