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domingo, 5 de octubre de 2014

Mi Septiembre Literario

Hasta hace bien poco Septiembre era para mí "el mes del Zinemaldia", el festival de cine de San Sebastian. Había convertido en tradición el planear con unos amigos nuestro viaje y disfrutar durante una semana loca de horas y horas de películas en VO, yendo de sala en sala hasta que el tercer o cuarto día ya no podíamos decir cuándo habíamos visto qué. Y así era como ha estado marcado este mes durante buena parte de este año.

Sin embargo, el destino ha querido que en este 2014 no hubiera quorum entre nuestro grupo de cinéfilos, hasta el punto de verme en la desagradable tesitura de no tener con quién ir al festival. Y aunque habría podido hacer el viaje en solitario, no me apetecía estar allí sin nadie con quien comentar la película que acababa de ver, sentarme en nuestra cafetería favorita a comer una "bomba de nata" o parar en cierta heladería de camino al Kursaal. Pero, cuando ya pensaba que la casilla de eventos memorables iba a quedarse en blanco este mes, me surgieron dos citas que han acabado por compensarme "el disgusto". Amen de hacer que me replantee mis prioridades en años venideros.

Por orden de importancia (o de inyección al ego, como quiera verse), la cita más importante ha sido el Festival Fantasía Fuenlabrada (FFF). Este era el segundo año en que se organizaba, y ha querido la casualidad que decidieran dedicarlo al Steampunk. Así que los autores de Ácronos nos dispusimos a hacernos notar (en el buen sentido de la palabra), y todos hicimos cuanto estuvo en nuestras manos para asistir y participar. De hecho, aunque la promoción de las antologías se redujo solo a una pequeña charla, en el resto de mesas de debate del FFF ha podido verse a un buen número de "acronistas" entre los ponentes (Eduardo Vaquerizo, Jose Ramón Vazquez, Victor Conde, Josué Ramos...). Y con notable éxito, como han reflejado algunas crónicas, pues los asistentes al taller de creación de mundos steampunk (de la mano de Eduardo Vaquerizo) parece ser que disfrutaron mucho de sus consejos, así como los asistentes a la mesa sobre ucronías, en la que se reunió a los cuatro autores que he nombrado anteriormente.


(panorámica de la carpa central)

Por mi parte, tuve la suerte de estar en la carpa principal junto a Josué Ramos y Victor Conde para hablar sobre las antologías de Ácronos. Una charla que quiso hacer un repaso desde que el primer volumen empezó a fraguarse, pasando por nuestras experiencias personales al participar en ellos y, por último, revelando algunas pinceladas de lo que pueden ir esperando sus lectores en el futuro (toda vez que ya hay un Ácronos 3 horneándose). Y, aunque ya digo que fue breve, fue un gran honor formar parte de un evento que ha congregado a tanta gente y que ha dejado un regusto tan dulce a quienes nos dimos cita por allí.


(junto a Victor Conde y Josué Ramos, durante la charla sobre Ácronos)

Por desgracia, y aunque hubiese querido ir a Fuenlabrada los dos días que se prolongaron las actividades, el FFF coincidió en el tiempo con las VII Jornadas Literarias de Abrete Libro!! Y, tras años sufriendo las puyas de sus organizadoras (por no hacer acto de presencia, después de haber dicho cuánto me gustaría ir), este año no tenía excusa para hacerles el feo. Y la verdad es que me he alegrado bastante.

De hecho, creo que es una pena que estas jornadas no dispongan de mayor reconocimiento entre los aficionados a la literatura (ya sea lectores o escritores). Y me temo que el principal "pero" que le achaca se encuentra en el hecho de tener que pagar para asistir a sus mesas de debate. Un problema derivado de la ausencia de espacios públicos en Madrid que no te obliguen a pagar para poder usarlos. Aún así, creo que el "caché" de los ponentes compensa con creces el muy reducido sacrificio económico que le supondría a cualquier asistente potencial, y animo a cualquiera a acercarse en un futuro. Este año, por ejemplo, se tuvo la posibilidad de debatir con Leon Arsenal, Virginia Pérez de la Puente, David Jasso, Juan de Dios Garduño e Ismael Biurrún (entre otros). Y aquellos que se quedaron a comer tenían incluso la oportunidad de continuar charlando con algunos de ellos sobre lo divino y lo humano.


(Virginia Perez de la Puente, a la izquierda, y Leon Arsenal a la derecha)

De entre la media docena de temas que se fueron poniendo sobre la mesa, escogí la mitad. Y en todas esas charlas disfruté de una mezcla de datos curiosos, preguntas interesantes lanzadas desde el público y réplicas ingeniosas. En particular, la mesa de audiolibros resultó muy instructiva sobre el procedimiento para crear una lectura dramatizada, además de intentar dilucidar el misterioso hecho por el cual el audiolibro es un medio con tan poco predicamento en nuestro país. En la mesa sobre elitismos literarios se comprobó que muy pocos de los presentes éramos permeables a los pontificados de ningún gurú del buen gusto literario (además de demostrar, sin lugar a dudas, que Leon Arsenal puede hablar sin parar). Y, por último, en el debate sobre el terror disfrutamos con una clase magistral sobre el tema a cargo de David Jasso, Juan de Dios Garduño e Ismael Biurrún. Mención aparte para el primero de los tres, por su desparpajo y su capacidad para explicar los engranajes del género en pocas palabras. Además de que, como miembro de NOCTE, me alegró poder conocerles en persona pues en el corto tiempo que llevo perteneciendo a la asociación nunca había coincidido con ellos en ninguna reunión. Eso sí, también me llevé un pequeño berrinche. Y es que mi única desilusión fue olvidarme el ejemplar de Máscaras de Matar en casa y no poder conseguir que Leon Arsenal lo firmase, ya que soy un firme defensor de esa novela.


(de izquierda a derecha: Juan de Dios Garduño, Ismael Biurrún, y David Jasso)

Como decía al principio del artículo, la experiencia de estos días me ha hecho replantearme mi "tradición donostiarra". Y es así porque durante estos eventos han surgido un par de oportunidades de promoción; lo cual, mal que me duela tener que renunciar a las "bombas de nata" mientras paseo por la Concha, es un factor a tener muy en cuenta en el futuro. Así que (procurando hacer caso al consejo de Orson Scott Card sobre no prodigarse en exceso), supongo que empezaré a acudir con mayor frecuencia a los "saraos literarios". Para que el nombre les vaya sonando a los lectores y los editores...

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