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jueves, 24 de octubre de 2013

Interpretaciones de la Ciencia-Ficción. Participando en el potpurrí.

En Otoño de 2012, el concurso temático del Foro Ábretelibro! propuso la Ciencia Ficción como reto para sus participantes. Y un servidor, incapaz de resistir la tentación de presentarse a la convocatoria, rebuscó entre el baúl de las ideas. Como buen aficionado al género (destetado con las novela de Julio Verne y los Lucky Starr de Asimov), me hacía mucha ilusión. Pero el reto se hizo más difícil de lo que había pensado en un principio, sobre todo porque quería presentar algo que fuera original y respetase lo clásico del género. 

Al final, repasando antiguos relatos y el cuaderno de "ideas a desarrollar", me encontré con el argumento del relato que acabé presentando: Betia Tría. Una narración sobre la autoconsciencia de las Inteligencias Artificiales, fundamentada en un simple parámetro: lograr una mayor complejidad de los cerebros cibernéticos, usando cerebros biológicos en el origen de su arquitectura. Y, como suele ser habitual, no pude resistirme a un final sorpresa.


Debo confesar que tuve menos éxito del que hubiese querido. Y lo más paradójico de todo fue que el ganador utilizó precisamente el género que más he estado practicando en mis últimas obras: el Steampunk. Sin embargo, la recopilación final (con los 25 relatos mejor valorados) conforma una mezcla estupenda de géneros para cualquier lector de la Ciencia Ficción. Lo más complicado, de hecho, es descubrir un género o subgénero al que no se haya recurrido. Pero aquí está, listo para ser disfrutado por todos los que se atrevan a sumergirse entre sus páginas.

Y desde ya, disponible en Papel o en versión electrónica para Kindle u otros formatos.


miércoles, 23 de octubre de 2013

Los Laureles de Ácronos

Después de año y medio, confieso que esperaba que el número de reseñas de Ácronos fuera más numerosa (y por reseña me refiero a algo más que a una transcripción de la contraportada, o el texto de presentación en la web de la editorial). Así pues, y tras aparecer recientemente una crítica bastante favorable hacia la antología, he decidido que sería un buen momento para hacerme eco de los "piropos" que ha estado recibiendo. Sé que la lista es corta; pero, mirándolo por el lado positivo, significa que a los aficionados les gusta el libro. 

A título personal, me alegra comprobar que los comentarios sobre "Wukan Inké" sean bastante unánimes. Y es que parece que el tono de terror ha calado en los lectores del relato.

Por supuesto, si aparecen nuevas reseñas procuraré ir actualizando la lista. Mientras tanto, y si no habéis leído todavía la antología, puede que estas críticas os animen a hacerlo.

lunes, 21 de octubre de 2013

"Herejía de Horus II (Falsos Dioses)", de Graham McNeill

En el 41º milenio, la humanidad se ha expandido a lo largo de incontables planetas por todo el universo. Sin embargo su antigua gloria yace ahora moribunda bajo un régimen ultraortodoxo, en el cual el conocimiento científico que le llevó a conquistar las estrellas casi se ha extinguido. Y, por si esto no fuera bastante, el Imperio de Terra debe sobrevivir a la continua amenaza de múltiples razas alienígenas empeñadas en exterminarlo. Una situación trágica, provocada miles de años atrás por la traición de quienes habían jurado protegerlo; una hecatombe recordada como la Herejía de Horus, de la que apenas sí se sabe nada salvo por escasos relatos inconexos. Historias que hablan de cómo el favorito del emperador se alió con los oscuros poderes del Caos para destruir lo que había ayudado a crear.

Unos hechos que, con la lectura de Falsos Dioses, se revelan muy distintos a esa "verdad".

Al igual que ocurre con los demás libros ambientados en el universo de Warhammer 40000, es obligatorio advertir a los neófitos que Falsos Dioses está enfocado a profundizar en el trasfondo del famoso wargame futurista. Segundo volumen de una trilogía, Graham McNeill toma aquí el relevo de Dan Abnett para continuar describiendo cómo se gestó la horrible guerra fratricida que los aficionados conocen como la Herejía de Horus. Tras los eventos narrados en Horus Señor de la Guerra, Falsos Dioses nos convierte en sorprendidos testigos de la perversión que empieza a germinar en la legión de los Lobos Lunares (ahora renombrados como Hijos de Horus) y en su líder, Horus Lupercal. Un proceso sorprendente, porque la "conversión" de Horus resulta estar motivada por la influencia de miembros de otras legiones de Astartes. Algo que choca de manera frontal con el "saber popular" de los aficionados, para quienes los Hijos de Horus eran el paradigma de la traición: un caso "de manual" de ángeles caídos, en el que Horus representaba el papel de un Lucifer futurista.


A lo largo del libro, en cambio, se comprueba que Horus no es tan grandioso como siempre se había hecho creer. Muy al contrario, su arrolladora personalidad se resiente más y más al no tener al Emperador a su lado, y la tensión inherente a la enorme responsabilidad de su cargo erosiona día tras día la confianza del primarca. Un proceso paulatino en el que el favorito del Emperador acaba por mostrar signos del síndrome del "príncipe destronado": la ausencia de su protector deja de servirle de acicate para demostrar su valía, y empieza a considerar que el Emperador no está con él porque ha dejado de tenerle aprecio.

En estas circunstancias surge un hecho impensable dentro del Imperio: Davin, uno de los mundos conquistado por Horus y los Lobos Lunares, se declara en rebeldía. De hecho su gobernador ha renegado públicamente del Emperador, lo cual es un acto de traición y desprecio hacia él y el propio Horus. Una noticia que desatará la furia del primarca (gracias a la intervención de cierto asesor que comienza a mostrar intenciones aviesas), desencadenando una serie de eventos capitales para el destino de Horus.

Esta entrega sigue ahondando sobre dos aspectos que ya aparecían en el inicio de la trilogía (y que sirven para ambientar esta época de una forma muy distinta a como ocurre con los libros situados en el "presente"): la sorpresa de que existan unos poderes sobrenaturales capaces de afectar al mundo real, y la hostilidad entre soldados y rememoradores por la brutalidad de la guerra.

Respecto a lo sobrenatural, lo que en la primera novela sólo era un mero evento difícil de explicar para los racionalistas miembros del Imperio, en Falsos Dioses se convierte en una amenaza tangible: por primera vez, los Hijos de Horus y sus aliados se enfrentan a un enemigo antinatural. De hecho, a todo un ejército de seres monstruosos que ejemplifican la forma de combatir del Caos: tácticas de terror y tropas con características inhumanas. Aparte, en este volumen se introduce un aspecto del universo Warhammer 40000 al que sus aficionados están más habituados: los cultos secretos. Con la curiosidad de que, por el trasfondo del momento, conviven en la clandestinidad dos grupos diametralmente opuestos: el culto al Emperador y los adoradores del Caos. Estos últimos, además, infiltrados entre los miembros de las legiones de Astartes para ganarles a su causa.

Pero, a diferencia de lo que dio a entender el trasfondo del juego en el pasado, los Hijos de Horus resultan ser un objetivo a conquistar por el Caos en lugar de un nido de servidores del mal. Al final, son otros los que se revelan como mensajeros de las promesas de esos poderes oscuros: los Portadores de la Palabra, una legión a quienes el Emperador amonestó por fomentar el culto hacia su persona, y cuyo interés en las religiones de todo tiempo y lugar les acabó poniendo en contacto con las fuerzas ocultas en la Disformidad. Así, cuando Horus se encuentre en su momento más delicado, los lectores asisten impotentes al ver que los consejos (y la supuesta ayuda) van a provenir de quien ha estado conspirando desde un principio para propiciar esta situación.


El otro aspecto que sirve para marcar los cambios sufridos dentro de las fuerzas expedicionarias es el conflicto entre los Astartes y el conjunto de civiles que hacen las veces de "corresponsales de guerra". Lo que en el primer volumen era sorpresa por la brutalidad con la que se aplicaban los principios de la (muy idealizada) Gran Cruzada, aquí ya alcanza el puro descreimiento en los valores de la misión que se está llevando a cabo. Lo cual acaba motivando que los soldados se sientan dolidos en su orgullo y desarrollen un creciente rencor hacia estos "entrometidos" que se atreven a poner en tela de juicio la pureza de sus ideales. Una tensión que acabará evolucionando hacia la represalia física, con un claro perdedor desde el principio.

Por último, cabe reseñar algunos detalles interesantes respecto a la "antigua" versión de la Herejía. El más importante, la nueva perspectiva desde la que ver la "traición" de Magnus el Rojo y su legión, los Mil Hijos. Tras esta lectura, los veteranos del juego pueden dedicarle muchas horas a elucubrar sobre el bando que les correspondería de haberse producido las cosas de otro modo. Igualmente resulta curioso seguir viendo los "patrones de personalidad" de cada legión, que acabarían definiendo las razones por las que se unirían a la causa de Horus. Un Horus de cuya caída podemos ahora ser testigos, así como de su regreso, descubriendo al fin qué le hizo perder su fe y darle la espalda al Emperador.

La culminación de este hilo argumental, en La Galaxia en Llamas.

lunes, 7 de octubre de 2013

Cuentos de Ciudad Esmeralda, también en E-book

Poco que explicar. A la edición en papel ha tardado apenas una semana en seguirle esta versión, para el lector Kindle de Amazon.

Por si acaso alguien se estaba haciendo el remolón porque 300 páginas le parecían demasiado espacio a ocupar en la estantería...

"Herejía de Horus I (Horus, señor de la Guerra)", de Dan Abnett

Entre los aficionados a los wargames, el Warhammer 40000 es reconocido como uno de sus mayores exponentes en el campo de la ciencia-ficción. Muy especialmente, gracias al complejo universo desarrollado por sus creadores. Un trasfondo que, con cada nueva edición del juego, ha ido ampliando y entrelazando el pasado de las distintas facciones para darle más cohesiones.

Sin embargo, con la aparición de Horus, señor de la guerra, los aficionados descubrieron que, tal y como ha ocurrido siempre en la vida real, la historia que ellos conocían había sido escrita por el bando vencedor. En este caso, el decadente e inquisitorial Imperio de la humanidad.

Los hechos que narran este libro (y los dos volúmenes siguientes, con los que forma una trilogía) están situados varios miles de años antes del 40º milenio que da nombre al juego. En esta era de "renacimiento tecnológico", la humanidad ha extendido sus dominios a lo largo del espacio guiada por el ingenio del Emperador de Terra. Y junto a él, los poderosos primarcas lideran la irresistible fuerza militar de los Adeptus Astartes, organizados en legiones de miles de guerreros modificados con ingeniería genética. Todos ellos juramentados para cumplir los ideales de la Gran Cruzada: localizar y reunificar a las antiguas colonias humanas, aisladas de Terra durante siglos tras un devastador conflicto. Llevar a esos mundos perdidos la luz de la esperanza. Una gloriosa misión que sólo se quebró cuando una parte de los Adeptus Astartes se revelaron contra el Emperador y provocaron una guerra civil que aún perdura.

Esa, al menos, era la versión oficial que todos los aficionados manejaron durante años.


En realidad, a medida que se profundiza en la lectura, la Gran Cruzada demuestra tener enormes similitudes con sus homónimas históricas y resulta palpable que los ejércitos del Emperador están más que dispuestos a imponerse por la fuerza de las armas sobre cada civilización con la que se encuentran. Humana o alienígena. Y, tal y como sucedía en las cruzadas medievales, a su paso sólo quedan pueblos sometidos y "convertidos". En consecuencia, la Gran Cruzada hace crecer el Imperio día a día, sí, pero sus raíces están regadas con la sangre de todos los que se le oponen. Humanos y alienígenas.

La trama de la historia se centra en la legión de los Lobos Lunares y en su primarca, Horus. Una legión y un primarca a los que los aficionados conocían bajo otras circunstancias. Horus siempre había sido el monstruo que comandó a sus guerreros contra el Imperio para arrasarlo, condenándolo a la decadencia y a la permanente amenaza de los poderes del Caos. Sin embargo, en esta novela nos encontramos con otra versión: Horus, tal y como fue en un principio. Una criatura con la presencia y las capacidades de un semidiós. El favorito del Emperador, recién nombrado Señor de la guerra para que dirija personalmente la Gran Cruzada.

Sin embargo, precisamente esa elección de un "princeps inter pares" es lo que ha provocado las primeras disensiones entre las férreas filas de los demás generales del Emperador. Y está llenando de preocupaciones al primarca, amén de provocarle un creciente rencor por sentir que se pone en duda su valía y lo acertado de su nombramiento. Un rencor peligroso, pues a lo largo de la lectura veremos que Horus tiene parejas habilidades tácticas y políticas, y que está acostumbrado a que el resto del mundo acabe acatando sus decisiones gracias a su capacidad para hacerles adoptar su misma opinión. Tal y como indica el título del libro, estamos ante las "semillas de la herejía".

Esos cambios en el primarca y su legión se nos presentan a través de los ojos de Garviel Loken, capitán de la décima compañía y recién ascendido al Mournival o círculo de consejeros de Horus. Un guerrero fiel a los ideales de la Gran Cruzada, pero capaz también de plantearse las acciones que acomete. Y ha empezado a preguntarse si los fines de su misión pueden justificar siempre los medios. Una duda más que razonable pues, al final, se irá demostrando que el celo de Horus y sus comandantes por ser fieles a los objetivos del Emperador estarán en la propia raíz de su caída.


El libro, como buena obra de ambiente bélico, no escatima en acciones de batalla. Y ahí podemos disfrutar las hazañas de los Astartes, dejando bien a las claras cuán lejos están sus capacidades de los simples humanos. Sólo que Abnett demuestra un enorme talento para representar a sus rivales como seres capaces de igualar, o incluso superarles en combate (especialmente en lo que toca a los megaarácnidos). No se limita a describir proezas heroicas, si no que nos mete en la piel del protagonista para que compartamos con él la tensión y el esfuerzo de la batalla. De esa forma consigue que el lector respete y tema a los enemigos a los que se están enfrentando.

Aparte tenemos un aspecto interesante en la ambientación, que resultará chocante para los aficionados al juego: el absoluto ateísmo del Imperio. No sólo rechazan cualquier forma de culto, si no que se esfuerzan por eliminarlo allí donde lo encuentran (entre otros medios, adoctrinando a las poblaciones en la infalible capacidad de la ciencia para revelar los misterios del universo). De hecho, la adoración al Emperador aparece en estos momentos como una conducta delictiva y perseguida. Y, por otro lado, le permite a Abnett jugar con un elemento interesante: cómo se enfrentan los racionalistas imperiales a los primeros contactos con las fuerzas sobrenaturales del Caos. Un encuentro que hará cambiar las concepción del capitán Loken respecto a su capacidad para entender el mundo.

En último lugar, me gustaría acabar con una reflexión personal. Y es que, buscando la manera de definir esta novela, le encuentro ciertas similitudes con esas películas bélicas sobre Vietnam en las que el soldado de turno se enfrenta a la crueldad de la guerra, y cómo acaba asimilando esa dicotomía. Cierto es que Garviel Loken acata las órdenes de sus superiores y se emplea a fondo en la destrucción de cada enemigo que se le señala, pero el hecho de recapacitar y plantearse la legalidad moral de esas acciones le ponen en conflicto con el resto. E, igualmente, la parte de la trama que discurre entre los "civiles" de la Gran Cruzada (reporteros en zona de combate, si cabe esa comparación), tiene mucho del regusto anti belicista de esas obras en las que se denuncian las brutalidades de toda guerra, aunque sea por "una buena causa".

La continuación de esta historia, en Falsos Dioses.

viernes, 4 de octubre de 2013

Acrónico, una vez más. Y que no sea la última.

Al parecer, el blog va a recuperar el ritmo de publicación a base de buenas noticias. Hoy se ha dado a conocer el nombre de los autores que van a colaborar en el segundo volumen de Ácronos. Y, de nuevo, me alegra decir que estoy entre los seleccionados.

Para esta ocasión serán 16 los autores participantes, 4 de los cuales repetimos: Laura López Alfranca, Paulo Ce Ramirez, Josué Ramos, y un servidor. Y entre ellos nada más y nada menos que S.J. Chambers, uno de los autores de La Biblia Steampunk (lo cual demuestra la capacidad de convocatoria de esta iniciativa). Igualmente, de la nota que han publicado los organizadores, se desprende que han buscado relatos que demuestren el amplio espectro en el que puede moverse el victorianismo retrofuturista. Y me alegro.


(ilustración de K)

Por mi parte, confieso que en esta ocasión participo con otro relato que combina el steam y lo sobrenatural. Mientras que en el primer volumen de Ácronos cabalgué por el Weird West, en esta ocasión me he ceñido al Gaslamp, jugueteando con un par de criaturas clásicas del terror gótico. Está por ver cuál será el veredicto de los lectores, pero confieso que a mí me ha encantado el resultado.

De momento, eso sí, toca esperar a que el proceso de edición vaya siguiendo sus pasos y Tyrannosaurus Books nos anuncie su publicación en un futuro (que espero no sea muy muy lejano).

martes, 1 de octubre de 2013

Cuentos de Ciudad Esmeralda

Desde hace algún tiempo, vengo esperando a poder dar esta noticia. Y no sólo por el hecho de tratarse de la publicación de otro relato mio, si no por el género que toca y las circunstancias que rodean a la obra.

En primer lugar, Cuentos de Ciudad Esmeralda es una recopilación de relatos infantiles. Y eso, teniendo en cuenta mi bagaje literario, es un salto cuántico. Nunca había escrito relatos para niños, por dos razones principales: mi tendencia al terror psicológico o morboso (que suele cuadrar poco con este género), y la dificultad que supone cambiar tu lenguaje literario cuando se trata de narrar para niños. Por todo ello, lo normal es que soliera dejar de lado las convocatorias en cuanto veía nombrar "relato infantil".

¿Por qué he roto con esa costumbre? Pues porque la iniciativa de Mensajeros de Oz me llamó la atención y los fines que perseguían son, cuando menos, muy nobles: colaborar con la Fundación Luis Olivares, en su esfuerzo por ayudar a los niños y jóvenes que sufren de cáncer, entregándoles los beneficios que se puedan obtener de la venta de los ejemplares. Un objetivo en el que han reunido a 35 escritores y a un número parecido de ilustradores, que hemos ofrecido nuestras obras con toda la ilusión del mundo.

En mi caso, participo con "El reclamo de cuentos". Un relato que está inspirado en mi fascinación por La Historia Interminable, y que toma varias de las ideas que he estado manejando durante años para intentar escribir algo que fuera mi "homenaje" a ese libro. Y, de hecho, tras dar por terminado este cuento estuve pensando si no podría dar continuidad a la historia en un formato de relatos encadenados. Una tarea que ahora mismo no tiene hueco en mi agenda, pero que en un futuro... ¿quién sabe?

Para adquirir un ejemplar del libro (de momento, sólo disponible en papel, pero con una versión de ebook en camino), podéis utilizar el siguiente enlace a Amazon.