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lunes, 1 de octubre de 2012

Otros Autores: Patricia Garcia-Rojo

La autora con la que damos la bienvenida al otoño es otro de esos ejemplos de precocidad e insistencia. En este caso, amén de "profesorear", esta veinteañera jienense lleva el último lustro haciéndose un sitio en el mundo literario (si es que no se puede decir que ya se ha hecho con el asiento en propiedad) dentro de la fantasía para público juvenil. Y encima se atreve con la poesía, por si acaso no es bastante complicado que te publiquen cuando escribes en prosa...

Sus trabajos más recientes son "Los cines Somnios", con la que prosigue su saga juvenil de "Los portales de Éldonon", y "Amar es aquí", su primer poemario. Pero, como lo suyo parece que es un no parar, probablemente en poco tiempo descubramos que le tienen que dedicar una estantería a ella sola...

Y ya, sin más circunloquios... las respuestas de Patricia al cuestionario.

1. Cuando pensaste en publicar por primera vez, ¿Qué te motivó a hacerlo?
Supongo que la idea de publicar estaba siempre en mi imaginación, aunque de manera abstracta puesto que me parecía un sueño imposible, de esos que consigues con canas y no recién acabada la universidad. Mi hermano y yo hacíamos nuestras propias ediciones en casa y habíamos ya ensayado versiones de mi primera novela, La Fábrica Creátor, que quedaron poco vistosas cuando gané el premio Andalucía Joven de Narrativa en 2007 y pude ver la versión editada por Berenice de mi novela. Así que publiqué por primera vez gracias a un concurso literario, cuyo premio era un contrato editorial, al que me presenté gracias a una amiga que fue muy muy insistente.

2. ¿Cómo ha sido, hasta ahora, tu experiencia en el mundo editorial?
Considero que el mundo editorial pasa de ser el paraíso soñado a ser el lobo feroz para los escritores nóveles. Cuando empecé, me sentí la reina de Saba, agasajada por el equipo editorial y, después, fui viendo como mis editores cambiaban, la comunicación se hacía más deficiente, las cartas se perdían en el correo, etcétera. A pesar de todo, no me quejo, cuando aceptas que ese es el estado normal de las cosas, lo asumes con otra paz. He tenido grandes y medianas experiencias en el mundo editorial.

3. ¿Dónde buscas la inspiración para tus obras?
Supongo que en todo: en la música que escucho, los libros que leo, las películas o series que veo, la historia, la pintura, las cosas que sueño… En la gente que me cruzo por la calle y las vidas que les invento. Más que buscar la inspiración, siento que me encuentro en todos sitios buenos motivos para mis poemas y novelas.

4. ¿Cuál es tu medio favorito? ¿El relato o la novela?
Narrativamente prefiero la novela. No soy una buena escritora de relatos, se me queda corto el formato o me deja insatisfecha cuando termino. Prefiero dedicar horas y meses a un proyecto largo de novela. De todos modos disfruto mucho con la poesía, que cultivo casi diariamente en Ridícula Calamidad, un blog que mantengo desde 2007.

5. ¿Cuánto te han influenciado tus estudios y /o tu profesión a la hora de escribir?
Elegí mi carrera porque quería escribir y formarme para ello, así que estudié Filología Hispánica, lo que me facilitó, en primer lugar, conocer a fondo la gramática para poder aplicarla con fluidez a mis textos y, en segundo lugar, conocer las fuentes de la literatura tanto española como universal. Así aprendes que la originalidad es una utopía interesante.
Mi profesión, soy profesora de lengua y literatura en un instituto público, me permite disponer de tiempo para dedicarme a mis novelas y también de una fuente inagotable de inspiración para una escritora de narrativa juvenil: aulas llenas de adolescentes.

6. La pastilla azul hace que seas un Best-Seller mundial. La pastilla roja hace que te estudien en la escuela cuando pasen los años. Tú eliges....
¿No hay un término medio en el que puedes sobrevivir de la literatura y disfrutar de ella sin vender tu alma al diablo o a los grandes críticos? En fin, para ser sincera, preferiría dejar una buena herencia a mis hijos y salvar a mis padres del paro. No aspiro a grandes triunfos literarios, lo que hago es sencillo, me gusta y me hace feliz. Como no me estudiarán, por lo menos que me vendan hasta en los centro comerciales.

7. ¿Tienes alguna rutina diaria para escribir, o te dejas llevar?
Suelo escribir diariamente un poema, por el simple hecho de entrenarme. No me preocupo por su calidad literaria ni le dedico demasiado tiempo, pero me sirve para no perder el contacto con las palabras. De todos modos, cuando escribo novela, la historia es bastante diferente. Sólo me dedico a eso durante el día y puedo estar un mes encerrada si es necesario. Soy buena bajo presión, con tiempo me siento en el sofá y me pongo a leer. Así que mi rutina para la novela es: masticar la idea en la cabeza, escribir esquemas de toda la obra con los lazos bien atados y sentarme a escribir como si no hubiese mañana.

8. ¿Hay algún manuscrito que guardes en un cajón porque aún no lo consideres suficientemente bueno?
Creo que todos los escritores tenemos esa doble relación con nuestra obra que nos hace amarla como a hijos y despreciarla al mismo tiempo como el peor defecto. Pero si mis novelas están en cajones no es porque o las considere buenas, para mí la literatura no se mide sólo por eso. Mido mis novelas por lo que me hicieron disfrutar mientras las escribía y creo que si gustan a alguien, tienen derecho a estar publicadas, opine la crítica de ellas lo que opine. Si guardo libros por los rincones, es porque el mundo editorial no lo publica todo.

9. Algo que puedas contar sobre tu último proyecto literario...
Pues ahora ando liada con la tercera entrega de mi tetralogía Los portales de Éldonon. Estamos en fase de corrección y maquetación. Si todo va bien y las cosas no se tuercen, pronto podremos lanzarla. Además, participaré en una antología de cuentos sobre las crisis del escritor y sus manías, con lo que también estoy revisando ese cuento, que se llamará El cuarto de la plancha.

10. ¿Hay algún libro que no hayas sido capaz de acabar de leer?
Más de uno. Cuando te das cuenta de la cantidad de libros que hay en el mundo, decides que no tienes por qué acabar todo lo que empiezas. Libro que me aburre o me cansa, va a la estantería de lecturas para el futuro, porque también entiendo que cada lectura tiene su momento y que quizá sea yo la que necesita cambiar para valorarla. Sólo confieso que esa balda está ya más que completa de títulos.

11. ¿Qué expectativas tienes, a nivel literario, a partir de ahora?
He aprendido a vivir sin expectativas. Uno sueña y desea, pero luego la vida es lo que es y el mundo editorial a veces es un sitio inaccesible. Si tengo una expectativa es la de seguir pasándolo igual de bien cuando escribo mis novelas. Mientras sirvan para hacerme feliz a mí misma, seguiré trabajando en ellas. Así que nada, escribir, seguir leyendo, seguir formándome, seguir llamando a puertas…

12. ¿Con qué personaje literario te identificarías?
Soy tan egocéntrica que casi me identifico con todos los personajes de todos los libros. Pero recuerdo que mientras leía Olvidado Rey Gudú me sentía muy identificada con Ardid, quizá porque representaba el ideal de una mujer inteligente y siempre aspira uno a ser así de listo. También suelo identificarme con los personajes de Jostein Gaarder porque se preguntan sobre el mundo, el tiempo y la belleza.

13. ¿Edición tradicional, o edición digital?
A mí me gusta escribir en los libros, subrayar, doblar páginas, hacer dibujos, tachar… Así que edición tradicional. Soy una conservadora.

14. Aparte de escribir, ¿practicas alguna otra disciplina artística?
Pinto, mejor o peor, con acuarelas. Son más apuntes y bocetillos que nada que pueda tomarse en serio. Me entretiene y me ayuda a despejar la mente. Es mi carrera frustrada, la de haber estudiado Bellas Artes o Historia del Arte. Supongo que acallo esa frustración con mi caja de acuarelas siempre en el bolso.
También he hecho teatro durante muchos años en la compañía Mamadou, hecho que agradezco porque me ayuda ahora en las presentaciones y las firmas a mantener el tipo y la sonrisa.

15. ¿Algún sueño que te falte por cumplir, y puedas confesar?
Claro que sí. Muchos. Especialmente ser madre, quizá no me importaría morirme sin haber realizado los demás, pero tener hijos sería una gran aventura, seguramente mi mejor historia.

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