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viernes, 29 de julio de 2011

"Umbrales". Cuarta Entrega


Parece mentira, pero ya estamos acercándonos al ecuador de esta iniciativa. Ignoro aún cuál va a ser el nivel de éxito de este formato pseudo folletinesco, pero mantengo aún las esperanzas en que sirva para llamar la atención sobre la obra cuando al final se publique todo el texto. Aquellos que hayáis decidido participar en el Grupo de Facebook dedicado también a la novela sabréis ya que el título se cambiará definitivamente (aunque, por razones obvias, mantendré de momento la denominación de "Umbrales" en el blog), y quizá hayáis visto los primeros concept-art de personajes.

El capítulo de hoy continúa con los avatares de la protagonista, Marina, y nos permitirá conocer los dilemas que le acucian. Además, descubriremos algunos misterios de su pasado que seguro os resultarán interesantes.

Por supuesto, antes de nada os dejo también un breve fragmento de la entrega:

La habitación que hacía las veces de despacho le pareció tan oscura y fría como el resto de la casa. Nada más entrar, tres pares de cabezas se giraron hacia ellas. Había pasado casi una década desde que viera aquellos rostros por última vez, pero Marina comprobó apesadumbrada que seguían trasluciendo la misma animadversión de antaño. La tía Franziska, con un recargado traje negro, le dedicó una mueca de evidente desagrado mientras la escrutaba de arriba abajo. Un poco más allá, tío Franz inclinó la cabeza para saludar la llegada de Marina e Isabella. Sin embargo, no se dignó mirar a la muchacha cuando pretendió devolverle la cortesía. Incluso la esposa de tío Franz, que había conocido cuando vivían en Roztoky, dejó fluír su desprecio por entre el calado del velo negro que lucía. Ante aquellos desabridos gestos, le vino a la mente la imagen de una bandada de buitres furiosos. Varias sillas vacías aguardaban a ser ocupadas frente a la ostentosa mesa de nogal del notario. Mientras se sentaba, escuchó con nitidez un cuchicheo intencionadamente audible.

—¿Qué hace la pequeña bruja aquí? Suponía que Isabella ya habría tenido que llevarla al manicomio a ocupar la habitación de su madre.

A punto estuvo de responder el insulto, pero sintió la férrea mano de tía Isabella sobre el hombro y eso la retrajo. Tras conformarse con lanzar una fugaz mirada de odio hacia las sillas de atrás, tomó asiento mordiéndose los labios.


ATENCION: Ya no es posible descargarse los PDFs. La única opción para leer los capítulos es acceder al Grupo en Facebook, donde están disponibles en el apartado de Notas. (El enlace, en la imagen de la columna a la derecha)

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