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sábado, 1 de enero de 2011

Otros Autores: Francisco Javier Pérez


Comenzamos el año 2011 con un autor que, como empieza a ser costumbre, también es "camarada" de editorial. Aunque, en su caso, Francisco Javier ya es un veterano de Grupo AJEC. Publicó en 2007 y ha vuelto a hacerlo este año, con su "Hierático". Y, como también ocurre con algunos de los talentos "descubiertos" por Grupo AJEC, estamos hablando de un verdadero artista que no se cierra exclusivamente a la literatura. Guionista de cómics (Tierra hueca), novelas gráficas (La memoria invisible), autor de ensayos... Una vez más, llega a Parrafos Perturbados una mente algo más que inquieta.


Por supuesto, ha sido un gran placer invitarle a este mi humilde espacio. Y espero que pueda colaborar a que más gente sepa de su obra y se interese en conocerle.

1. Cuando pensaste en publicar por primera vez, ¿Qué te motivó a hacerlo?
¿Publicar es una decisión consciente? Vaya… Supongo que esa clase me la salté... La primera vez que publiqué fue casi por accidente. Una historia un tanto rara: llevaba ya un tiempo escribiendo y moviendo relatos por revistas electrónicas, y cierto verano coincidí en el trabajo con gente que también escribía. Debido a lo relajado de nuestras tareas durante aquella temporada, nos pusimos de acuerdo para reunir lo que habíamos hecho en volúmenes, en manuscritos, pasárnoslos los unos a los otros y luego comentarlos en la oficina. Parece que el mío gustó; lo suficiente como para que los demás sugiriesen que estaría bien que no me quedase sólo con aquello y que tratase de moverlo por editoriales. Y así lo hice: remití aquella seminal versión de mi Dionisia Pop! a una editorial especializada en nuevos autores de género, éstos dijeron que adelante, y aquí estoy.

2. ¿Cómo ha sido hasta ahora tu experiencia en el mundo editorial?
Como la de casi todo el mundo, supongo. Sobre todo cuando se está empezando en esto. Diría que irregular, por no usar una palabra más fuerte. Peleas con editores, malentendidos, pagos por derechos de autor que no llegan nunca… cosas bastante jodidas que, por otro lado se compensan del todo cuando tienes el resultado de tu trabajo en las manos, en forma de obra cerrada y el orgullo que uno siente por uno mismo que ello conlleva. Como decía: irregular.
Ahora mismo, sin embargo y sinceramente, me considero un privilegiado en ese sentido. Mi última novela, Cinco Canciones de Cuna, acaba de ver la luz con Aristas Martínez, una nueva editorial con la que ya he firmado por otro libro más y en la que, hasta la fecha, me han tratado tan bien, han mostrado tal respeto por lo que hago y me han ofrecido unas condiciones tan buenas, que espero quedarme muchos años, por muchos libros, con ellos.

3. ¿Dónde buscas la inspiración para tus obras?
Creo que casi todo es potencialmente inspirador. Aunque también comulgo muchísimo con la idea de que las mejores obras no parten de la búsqueda de cierta inspiración, sino que es la inspiración, la forma más cruda e imperativa del concepto “idea”, supurando desde un estado de consciencia superior al que solemos usar, inaprensible si no es a través de ciertas formas de decodificación como el arte, la que busca al escritor que ponga en orden lo que trae consigo.

4. ¿Cuál es tu medio favorito? ¿El relato o la novela?
No tengo un medio favorito. Me lo paso muy bien escribiendo guiones para cómic, pero hay cosas que sólo se pueden decir con narrativa pura y dura. Como hay cosas que sólo se pueden decir en forma de relato, de novela o de poema. Una de las primeras consideraciones que hago al ponerme con un nuevo trabajo es cuál va a ser el formato de éste. Para mí, esa decisión forma parte indispensable de cómo narrar algo. Y la mayoría de las frustraciones que me he llevado con esto de escribir tenían que ver con el hecho de haberme equivocado a la hora de elegir el medio con el contar cierta historia, darme cuenta tarde y tener que volver a empezar desde cero.

5. ¿Cuánto te han influenciado tus estudios y /o tu profesión a la hora de escribir?
Bastante. Mis estudios de filosofía abrieron en su día una puerta que aún no se ha cerrado del todo, despertaron cierta pasión por absorber teorías y reformular conceptos y generar versiones propias tanto de unos como de otros, y aplicar eso luego a la ficción, a la creación, que es lo que realmente me motiva.
En cuanto a mi profesión, no está tan claro. Pero seguro que alguna influencia, aunque sea tangencial, debe ejercer. Trabajo con gente de la tercera edad afectada de varios tipos de demencia, cosa que, sin querer (o a propósito… no sé… debería reflexionar más a ese respecto… desde luego, yo no lo he buscado así…) casa bastante bien con lo que escribo.

6. ¿Son los foros literarios el mejor medio de promoción de los autores noveles?
No puedo contestarte a esto, porque ni participo ni sigo ninguno de esos foros.

7. ¿Tienes alguna rutina diaria para escribir, o te dejas llevar?
En principio, trato de sacar cada día un rato para escribir, aunque sea sólo para algún artículo del blog. Suelo conseguirlo, por lo que más o menos he desarrollado la costumbre de sentarme entre tres y cuatro horas diarias al teclado. Lo que pasa es que, como soy de naturaleza bastante obsesiva, en algún momento llega algo, sea una idea para un relato o el esquema para otra novela o para un cómic, y entonces me vuelvo loco rascando tiempo por todas partes, dejando de comer o dormir para ponerme a ello ocho o diez o doce horas diarias, o las que requiera el volcar en la página todo eso que me bulle en la cabeza.

8. Por fin eres un autor consagrado... ¿a qué lugar del mundo le pedirías al editor que te enviase “para inspirarte y documentarte”?
Soy de esa gente a la que cualquier sitio le vale, en realidad. Pero estaría bien llegar al punto en que un editor me costease el vivir unos cuantos meses en un hotel, sea en New York, en Tijuana, en Varanasi o en el mismo Barcelona, al que ir a escribir por las noches después de pasarme el día zascandileando por ahí.
Lo que sí tengo muy claro, en relación a lo que preguntas, es que una de las primeras cosas que haría si esto de la literatura me proporcionase los ingresos suficientes, sería comprar una casa en el desierto, cualquier desierto del mundo, para mi hijo, mi novia y yo, a quilómetros del asentamiento humano más cercano pero con una buena conexión a Internet, donde escuchar a Kyuss a todo volumen mientras voy trabajando en mis cosas, con la escopeta cargada descansando a un lado, atento a los visitantes no invitados y a los merodeadores.

9. Algo que puedas contar sobre tu último proyecto literario...
Ahora mismo estoy escribiendo el guión para el cómic seriado que será la segunda fase de mi proyecto Estrategias Contra la Arquitectura, algo sobre psicogeografía y videojuegos. Ando enredado en algunas cosas más, pero eso el lo único concreto que puedo contar en este momento.

10. ¿Qué libro rescatarías a toda costa de tu biblioteca?
¿Si sólo pudiese rescatar uno? ¿En caso de incendio o algo así? Rescataría el ejemplar autografiado del Kiss Me Judas de Will Christopher Baer. Con el tiempo (con mucho tiempo), podría llegar a hacerme de nuevo con los demás, pero este es especial.

11. ¿La última novela que has leído y recomendarías?
Claus y Lucas, de Agota Kristof. No es la última que he leído, pero sí la más recomendable de las que hayan pasado por mis manos en los últimos tiempos. Y ni siquiera es una novela, sino las tres únicas obras de la autora reunidas en un mismo volumen; los tres libros más duros, implacables con el lector y emotivos que uno pueda echarse a la cara. La forma en que escribe Kristof es casi perfecta. O, cuanto menos, perfecta para el tipo de historia que relata. Una prosa desnuda y gélida, minimalista pero brutalmente sugestiva, con personajes redondos construidos con muy poco o casi nada, que hablan entre sí mediante diálogos híper-eficientes… todo eso, usado para exponer lo más oscuro y visceral que puede dar de sí el ser humano, para mostrar única y exclusivamente y sin descanso todo el espectro de aberraciones tanto físicas como psicológicas de las que somos capaces.
El libro me afectó de tal manera que, llegado a cierto punto, llorando, tuve que telefonear al amigo que me lo regaló para preguntarle por qué me odiaba tanto como para hacerme leer algo así y, al mismo tiempo, darle las gracias por haberlo hecho. Así de bueno es.

12. ¿Con qué personaje literario te identificarías?
No sabría elegir a uno solo. Pero los cinco con los que me alinearía, sin duda, serían Casey Pollard, la protagonista del Mundo Espejo de Gibson; el narrador de Memorias del Subsuelo, de Dostoievski; Phineas Poe, el detective de las novelas de Baer; Andrés Hurtado, de El Árbol de la Ciencia de Baroja; y el narrador (otro personaje sin nombre) del Hielo de Anna Kavan.

13. ¿Permitirías que adaptasen alguna de tus obras al cine?
A priori, sí, estaría de acuerdo. Pero pondría tal cantidad de condiciones innegociables, como escribir yo mismo el guión, tener la última palabra en el proceso de casting, supervisar el vestuario y los efectos especiales, asesorar sobre la fotografía y etcétera… que supongo que los hipotéticos productores y directores me mandarían a la mierda antes de rodar la primera escena.

14. Aparte de escribir, ¿practicas alguna otra disciplina artística?
No de forma habitual. Escribir me ocupa demasiado tiempo y demasiado espacio mental como para poder siquiera plantearme hacer nada más en serio. Eso sí, recientemente me he aficionado al Origami. Aunque no sé si eso se puede considerar una “disciplina artística”.

15. ¿Algún sueño que te falte por cumplir, y puedas confesar?
La inmensa mayoría de mis sueños por cumplir son bastante inconfesables, la verdad. Por lo explícito y, en general, misántropo de éstos. Además, tienden a depender demasiado de mis bruscos cambios de humor. En un momento puedo estar fantaseando con la idea de tener el suficiente éxito como para permitirme comprar el armamento pesado necesario para acabar con el máximo de la población mundial antes de que alguien sea capaz de reaccionar para frenarme, y al siguiente se me ocurre que estaría de puta madre dar con la forma incuestionable de que todos podamos llevarnos bien y dejarnos en paz los unos a los otros… Así que, por si acaso, prefiero no confesar nada ahora mismo.

Una vez más, encantado de haber contado contigo Francisco Javier.

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